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Barbastro cumple con disciplina las medidas contra el coronavirus

La capital del Vero parecía una ciudad fantasma este domingo, la primera jornada en Estado de Alarma

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Las calles de la ciudad de Barbastro amanecían desiertas.

La ciudad de Barbastro amanecía sin gente en sus calles, con la mayoría de sus comercios y establecimientos cerrados y con la incertidumbre en el interior de todos los hogares. La ciudad del Vero cumplía con total disciplina con las medidas sanitarias contra el avance del COVID-19 en unas primeras jornadas de confinamiento obligado para la sociedad barbastrense.

El Hospital de Barbastro también aquejaba la restricción de movimientos, con apenas vehículos en sus aparcamientos y muy pocas personas en la unidad de Urgencias. Los médicos, enfermeras y demás personal sanitario siguen trabajando a destajo preparados para contener el avance del coronavirus. Precisamente, y para evitar que la comunidad sanitaria tenga que trasladarse, el Obispado de Barbastro-Monzón ofrecía alojamiento a todos los profesionales del Hospital en las instalaciones del Seminario, ubicado frente al centro hospitalario.

El centro de Barbastro totalmente desierto.
Las calles aquejan la falta de personas.
Las calles de Barbastro totalmente desiertas.
El Paseo del Coso lucen como nunca.
Las principales vías de la capital del Vero sin actividad.
Bares y restaurantes echaban el cierre.
Los bares informan a sus clientes sobre el cierre.
El confinamiento de la ciudadanía se aplica con disciplina en Barbastro.
El Obispado Barbastro-Monzón cede las instalaciones del Seminario para su uso por parte de la comunidad sanitaria del Hospital.

Desde este domingo los comercios, bares, restaurantes y locales de ocio permanecían cerrados al público. Muchos eran los propietarios de estos establecimientos los que informaban de su cierre a través de carteles y comunicados. La actividad en Barbastro se paralizaba con una Plaza del Mercado totalmente desierta frente a la actividad que mantenía hace apenas unos días.

Sus Cosos sólo contaban con la presencia de algunos transeúntes que caminaban rápido de camino al trabajo, paseaban al perro o aprovechaban para hacer pequeñas compras en las tiendas de alimentación y quioscos que si pueden abrir al público como estipulaba la orden emitida por el Gobierno de Aragón.