OPINIÓN 

La España Vaciada 

APIAC  (Asociación para la Promoción Integral de Ayerbe y Comarca)

Se habla mucho últimamente de la España vacía o vaciada, según se constate simplemente una realidad o se busquen responsables. Una España a la que pertenece plenamente Ayerbe y desde luego su comarca, todo el ámbito para el que nació APIAC y que ahora, como entonces, se encuentra en evidente recesión y con un futuro más que turbio. Basta sentarnos a compartir charrada con los más mayores, esas memorias vivientes de nuestro pasado tan lamentablemente desaprovechadas, para concluir que antes, con menores motivos, se hallaban muchas más razones para mantener vivo y a flote el gran proyecto común que supone un pueblo, con sus señas de identidad heredadas. Hoy en toda la Galliguera las campanadas casi siempre tocan a muerte, clausurando casas para siempre mientras se reducen servicios o se cierran comercios donde todavía quedan, ante una aparente abulia general resignada a negar cualquier futuro.

Pero este implacable proceso no es casual, sino la consecuencia del atraso económico que inevitablemente provoca la escasez de recursos humanos disponibles y una pertinaz desatención política, encelada en otros caladeros de votos mejor poblados. Desde que en la Unión Europea se dieron cuenta del peligro de desarticulación que acechaba a su medio rural, derivaron fondos de la PAC a promover la diversidad económica y la cohesión. Fondos que, acumulados a lo largo de casi dos décadas, aparentan ser cuantiosos pero en realidad suponen un porcentaje ínfimo, mientras se alimenta con la parte del león una agro economía tradicional cada vez en menos manos que, encima, no detiene el declive del territorio y su población. En España, desde la Ley Rural de 2007, todavía inédita, los gobiernos centrales han ido recortando capacidad de gestión a los Ayuntamientos, principales agentes locales de desarrollo, limitando drásticamente su competencia presupuestaria y de gestión. Por su parte, las Autonomías y las Diputaciones, recipiendarias de esas competencias, se limitan a hablar de difusos planes y programas contra el despoblamiento, sin apostar nunca importantes recursos en ellos.

Sin embargo es precisamente en esta parte de nuestra España crepuscular, el 90% del territorio habitado por un tercio de la población, donde se encuentran los recursos naturales y la despensa común, donde están las raíces más profundas de nuestra cultura, factores muy rotundos que permiten albergar todavía la esperanza. Pues el desarrollo del medio rural no depende ya de la agricultura, sino que necesariamente está basado en la diversificación de actividades y la puesta en valor de otros recursos también existentes en su territorio. Se precisa con urgencia una concertación de las administraciones a todos los niveles para mejorar decididamente las infraestructuras y equipamientos, estimulando actividades más productivas y de mayor nivel tecnológico. Además de promover la participación del sector privado, empleando los incentivos existentes con flexibilidad e ideando otros a medida de la grave situación, capaces de atraer recursos y suficiente capital humano de calidad. Para ayudar a ello nació APIAC ahora hace treinta años y, fieles al ejemplo de nuestros activos antecesores, aquí seguimos, intentando resultar útiles en estos nuevos tiempos que lo han revolucionado todo. Ahora sin sentir apenas el aliento de nuestros socios y comprometidos hasta que el entusiasmo se agote.

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