CULTURA

La memoria del territorio, en una exposición de arte contemporáneo en la DPH

Todas las obras, de cerca de 15 artistas y archivos, abordan temas como la despoblación, las periferias o la repoblación

Una de las obras en la exposición
Una de las obras en la exposición

La sala de la exposiciones de la Diputación Provincial de Huesca (DPH) es una invitación a entender la transformación del territorio, a adentrarse en la memoria de la gente que lo ha habitado y también a reconocerse en más de una docena de miradas de otros tantos artistas e investigadores contemporáneos. Se trata de una exposición que se puede visitar hasta el próximo mes de febrero y que busca nuevas formas de abordar el fenómeno de la despoblación desde el arte contemporáneo.

Uno de los ejemplos más evidentes es la francesa Anne Laure Boyer, que, con su ‘Atlas oculto’, saca a la luz algunos de aquellos pueblos que fueron inundados por los pantanos "y que fueron borrados de los mapas".

BOYER 1 EXPO 30

Parar en los caminos para registrar con una mirada distinta todo lo que nos perdemos si no prestamos atención es lo que cuenta Fernando Gatón que presentan junto a Marta Javierre en su ‘Huesca Sonora’ una escucha atenta, ritmos y retornos de los paisajes. Son marcas sonoras que revelan las particularidades de un lugar y que conforman su paisaje sonor.

GATON 1 EXPO 30

Son tan solo dos de los ejemplos que se pueden ver en esta muestra que conforman quince artistas y muestras. Se podrá ver hasta el 24 de febrero como eje central del programa ViSiONA de la DPH que también tiene como hilo conductor la despoblación que afecta a las zonas rurales en contraste con la densidad de habitantes demasiado elevada de las grandes ciudades. En palabras de Pedro Vicente, "no queríamos caer en el victimismo del abandono de los pueblos, en lo que nos hemos fijado es en la transformación y en el factor humano por encima de todo".

Respecto a lo que se podrá encontrar el público, el comisario de esta inusual muestra afirma que “nos hace comprender de dónde venimos, contextualiza la realidad”. Se refiere a los movimientos migratorios como uno de los ejes tangenciales, “cada una de las piezas implica un movimiento, alguien que se va de un sitio para ir a otro” para detallar que puede verse cómo una ciudad se transforma, las políticas hidráulicas que no han mirado a lo local, espacios afectados por el natural deterioro que ha provocado el tiempo, pero también los sueños de quienes poblaron esos territorios o aquellos que han visto llegar la colonización o la repoblación.

Así la daban a conocer la responsable de Cultura de la DPH, Berta Fernández, junto al comisario Pedro Vicente y algunos de los artistas como la francesa Anne Laure Boyer, el cántabro Jorge Yeregui, Ibon Aramberri llegado de Madrid y el oscense Fernando Gatón.

Nuevas perspectivas
La memoria del territorio quiere ser también un aliento a la esperanza, una vuelta al origen, y por ello se muestra la historia de los pueblos de colonización de la provincia de Huesca a través de los archivos familiares de los colonos, con el trabajo realizado por el historiador Jose María Alagón que también es nieto de colonos. También hay testimonios de esas primeras familias conservados en los fondos de la Fototeca Provincial y en el proyecto Fotografía en la escuela que, bajo la dirección del profesor José María Escalona, fallecido recientemente, se convirtió en una forma pionera en España para implantar esta enseñanza en las aulas a la vez que se recopilaba el patrimonio gráfico altoaragonés.

La visión contemporánea de la memoria de estos pobladores la aporta el colectivo NoPhoto, que durante los últimos meses ha convivido con ellos, han escuchado sus historias y sus recuerdos, han podido recorrer campos incluso acompañarles en la celebración de sus fiestas fotografiando sus relatos y lugares para crear la Memoria Colonizada. Lo mismo que Abelardo Gil-Fournier con su instalación sonora Mawat, formada por una superficie de ventiladores que pone en circulación el aire de la sala y también la memoria al escucharse viejas melodías del cancionero agrícola “porque la transformación completa de un territorio es imposible, siempre hay reductos donde el pasado sobrevive”, ha añadido el propio artista.

El reconocido artista Jorge Yeregui va más allá y lo que hace es repoblar artificialmente un parque, teniendo de fondo la reflexión sobre el papel que adquiere la naturaleza en la actualidad porque, como él ha dicho, “ahora cada metro cuadrado cuentas” y también conecta su obra con “las consecuencias del mercado inmobiliario de todos estos espacios que se han despoblados sin haber estado poblados”.

En la exposición se recogen trabajos de artistas y materiales de archivo que hacen visible la realidad más dura de la despoblación, la pasada y también la actual. Son imágenes pero también testimonios sonoros de sus protagonistas y de los propios territorios detrás de quienes están cuatro artistas o investigadores locales. Se ofrece una clara radiografía de la realidad de la despoblación en Huesca y por extensión también de la España contemporánea con el trabajo de ar José Luis Acín que ha recorrido todos los rincones de la geografía oscense y del que se puede ver una selección de 300 diapositivas y Enrique Satué con su recopilación oral deja que sus habitantes narren lo que fue la vida tradicional en las montañas.



Para que pueblos como Ainielle no caigan en el olvido, Albert Gusi ha hecho de la conocida Senda Amarilla un espacio de creación artística la mirada puesta en una de las pocas ventanas que se mantienen en pie en la escuela y en el sonido que llegaba del valle cuando regresaba el ganado de la tierra baja. para reivindicar la vitalidad que tuvo desde la mirada cómplice del arte contemporáneo

La artista francesa Anne Laure Boyer se basa en intervenciones artísticas en territorios abandonados con la intención última de reactivar la memoria. Su trabajo Atlas oculto saca a la luz algunos de aquellos pueblos que fueron inundados por los pantanos “y que fueron borrados de los mapas”, pone de manifiesto la artista quien también habla de amplitud de este fenómeno en España con 200 pueblos afectados cuando en Francia solo hay 30 “no hay ningún otro país en Europa con esta situación”. La mutación de la naturaleza por diferentes elementos es también el eje central de parte de la obra de Ibon Aranberri compuesta por una maqueta en seis partes con planos superpuestos basada en los diferentes momentos de la construcción del pantano de Yesa.

Una de las consecuencias directas de la despoblación fue la aparición de las periferias en las grandes ciudades españolas, siendo el destino mayoritario de las familias que abandonaron las zonas rurales en el siglo XX. Para ello se cuenta en la exposición se cuenta en la exposición con el trabajo de Paco Gómez, uno de los fotógrafos españoles más reconocidos, que explora y ahonda en la construcción de la identidad colectiva de las periferias de las grandes ciudades españolas de la segunda mitad del siglo XX con tres series de fotografías.

Por su parte, Alejandro S. Garrido, se fija en esos movimientos migratorios de los años cincuenta, cuando las ciudades empezaron a recibir población en busca de una vida mejor de la que ofrecía el medio rural. En la exposición puede verse su trabajo llamado Corea, como popularmente se conoce a esos barrios construidos durante el franquismo en ciudades como Huesca, pero también en La Coruña, León, Madrid, Palencia, Palma de Mallorca o Toledo.

El cambio que supuso el derribo de parte de la periferia barcelonesa con motivo de la celebración de los Juego Olímpicos de 1992 en Barcelona queda documentado en la sala de exposiciones de la Diputación gracias al trabajo de Martí Llorens, quien se dedicó durante tres años a fotografiar los derribos que ocurrían diariamente en buena parte del barrio Plobenou mediante un sencillo artilugio óptico: la cámara estenopeica con negativo de papel.

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