opinión 

Lo que la lluvia pudo traer

César Trillo Guardia

Presidente de la Federación de Comunidades de Regantes de la cuenca del Ebro y de la Comunidad General de Riegos del Alto Aragón

Hace escasamente dos meses las Comunidades de Regantes, planificábamos nuestras campañas de riego, teniendo en cuenta unos escasos recursos que prácticamente no llegaban para cubrir las necesidades hídricas de 1 de cada 6 hectáreas con derecho a riego. En la actualidad estamos en una situación de vertido en todos los embalses, se han anegado más de 15.000 hectáreas y las pérdidas económicas son cuantiosas.

Entre estos dos escenarios ha mediado muy poco tiempo, lo que nos habla sin lugar a dudas de incremento de incertidumbres y sobre todo nos habla de pérdidas y afecciones importantes. Afecciones que por otra parte podrían haber sido mucho más cuantiosas de no haberse producido la laminación de avenidas en todos los embalses existentes en la cuenca del Ebro.
Si observamos distintas graficas de lo que ocurrió en la pasada riada a lo largo del eje del Ebro deducimos:

a) En la cuenca del río Zadorra, los embalses de Ulibarri-Gamboa y Urrunaga, han permitido la laminación de picos de avenida que hubieran estado cercanos a los 345 m3/sg, frente a los 130 m3/sg que circularon en realidad. Esto impidió que se produjeran importantes daños en ciudades como Vitoria y que el caudal máximo desembalsado fue de 60 m3/sg por debajo de los caudales denominados de daño.

Esta figura muestra los efectos que ha tenido la laminación conjunta de Ullívarri y Urrúnaga sobre el río Zadorra en Vitoria, junto con el caudal de daños en esta población, que se estima que ronda aproximadamente los 150 m³/s. En Vitoria los embalses supusieron una reducción del caudal máximo de 340 m³/s a 130 m³/s.

b) El embalse de Itoiz permitió mantener los caudales de salida de embalse por debajo de 40 m3/sg. Además, la laminación conjunta de Yesa e Itoiz, permitieron retener los picos de avenida de los ríos Irati y Aragón de forma que se desacoplaran las avenidas de los afluentes sin regular, protegiendo la población aguas debajo de la confluencia de ambos ríos, sobre todo Sanguesa
También permitió que con la gestión de estos dos embalses mitigará la punta de la crecida del eje del Ebro en su tramo medio aguas arriba de Zaragoza con el consiguiente beneficio para esa zona que, de no existir, habrían sufrido todavía más las inundaciones.

Estas dos figuras muestran los efectos que ha tenido la laminación conjunta de Yesa e Itoiz sobre el río Aragón en Sangüesa y sobre el río Ebro en Castejón. Se muestran también los caudales de daños en Sangüesa y aguas abajo de la población de Castejón. En Sangüesa los embalses supusieron una reducción del caudal máximo de 1650 m³/s a 820 m³/s, evitándose así la inundación de esta población. Un caudal de 1650 m³/s posiblemente hubiese supuesto afecciones en otras poblaciones del río Aragón. En el caso de Castejón la laminación fue de 3125 a 2680 m³/s (hay que anotar que los caudales registrados en las estaciones de aforo en esta avenida de abril 2018 son todavía provisionales y están sujetos a revisión). Esto redujo de forma muy importante las afecciones que se habrían producido en poblaciones como Alfaro, Tudela, Novillas, etc.

Esta figura muestra la laminación (reducción de caudales) que han realizado en el presente episodio los embalses de Yesa e Itoiz. En este análisis ambos embalses se han tratado de forma conjunta, por lo que el gráfico muestra en azul la suma de los caudales de salida de ambos embalses y en rojo la suma de los caudales de entrada. La diferencia son los caudales laminados hacia aguas abajo.

c) Los embalses de Mediano-El Grado, Rialp y los de Noguera Pallaresa contribuyeron reduciendo la punta de avenida que llegó al sistema Mequinenza-Ribarroja-Flix, laminando 400 hm3, con un caudal de avenida de 1800 m3/sg por debajo del caudal de daños en el tramo bajo del Ebro. Gracias a su gestión, la punta de avenida se redujo de 2500 m3/sg a 1800 m3/sg, lo que sin lugar a dudas evitó las afecciones a Tarragona.

Esta figura muestra en azul el caudal vertido por el embalse de Flix que es el que durante estos días ha circulado en el tramo del Ebro comprendido entre Ascó y el Delta del Ebro (en este tramo no ha habido aportaciones significativas de otros ríos). El caudal máximo ha sido de unos 1800 m³/s, ligeramente inferior al caudal de daños, que se estima en unos 1900 m³/s. En este episodio ha sido muy importante la laminación de caudales sobre el bajo Ebro llevada a cabo tanto por el sistema de embalses de Mequinenza-Ribarroja-Flix, como por los embalses situados en el Pirineo Central y Oriental: Mediano y el Grado en el Cinca, Barasona en el Ésera, Escales, Canelles y Santa Ana en el Noguera Ribagorzana, Talarn, Terradets y Camarasa en el Noguera Pallaresa y Oliana y Rialb en el Segre. En amarillo se muestra el caudal de entrada que realmente se ha registrado en el sistema Mequinenza-Ribarroja-Flix después de la laminación que han llevado a cabo los citados embalses pirenaicos. El caudal máximo entrante al sistema ha sido de unos 2500 m³/s, 700 m³/s más que el máximo caudal saliente. En rojo se muestra el caudal de entrada que habría tenido el sistema en régimen natural, esto es, sin la presencia de los embalses pirenaicos. El caudal máximo habría sido de 2850 m³/s. Este hidrograma en rojo es el mismo que se habría registrado en todo el tramo bajo del Ebro en el caso de no haber existido ni los embalses pirenaicos, ni los embalses del sistema. Este caudal habría inundado poblaciones como Tortosa, Miravet, Benifallet... Hay que remarcar que en esta ocasión la laminación de los embalses pirenaicos ha resultado decisiva para evitar inundaciones ya que, con la actuación de estos embalses, el Sistema Mequinenza-Ribarroja-Flix se llenó desde los 1488 hm³ que tenía el día 8 de abril, hasta un máximo de 1742 hm³ que registró el día 19, un 99% de su capacidad máxima. Durante estos días el volumen de agua retenido en los embalses pirenaicos entre el 8 y el 19 fue de 321 hm³, que no hubiesen podido ser almacenados por el sistema Mequinenza-Ribarroja-Flix, que se hubiera visto obligado a aumentar sus vertidos por encima de los 2100 m³/s, causando la inundación de parte del casco urbano de la población de Miravet y de un número importante de hectáreas de terreno agrícola. De entre los embalses que más han podido laminar destacan Mediano-El Grado, que han almacenado entre el 8 y el 19 unos 115 hm³, Talarn 70 hm³, Rialb 50 hm³ y Canelles 35 hm³.

La pregunta evidente que debemos hacernos a continuación es ¿Qué hubiera pasado en caso de no laminar la avenida los embalses de toda la cuenca del Ebro? Es una pregunta que se responde por sí sola, siendo difícil valorar las perdidas económicas, cuando no humanas que hubiera supuesto carecer de la capacidad de regulación.
Otra cuestión necesaria es plantearnos, en este escenario cambiante y poco predecible, la necesidad de obras de regulación que como el embalse de Biscarrués-Almudevar, permitan una mejor laminación en épocas de exceso y una mayor garantía en épocas de sequía. El embalse de Biscarrués, por ejemplo, hubiera permitido la laminación de 35 hm3, lo que hubiera permitido minimizar las inundaciones en el eje del Gállego y contribuir a la disminución del pico de avenida en el eje del río Ebro.

Es necesaria una llamada a sensatez y a la utilización racional de las obras de regulación para el mantenimiento de niveles de seguridad para bienes y persona. Es necesario que las obras hidráulicas sean vistas como una herramienta al servicio de la ciudadanía para garantizar su calidad de vida y preservar sus bienes.

Esperemos que, para la próxima avenida, podamos decir que tenemos un número más adecuado de obras de regulación, que eviten daños en la cuenca media del Ebro.

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