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Opinión: "los autónomos estamos desamparados"

¿Quien no ha oído alguna vez decir que los hosteleros no hacen más que quejarse? Una profesión con un gran apego al lamento con el que, muy a menudo, vamos de la mano. Es este un cliché que quizá nos hemos ganado a pulso por quejarnos en exceso: si hay mucho trabajo, porque hay mucho; si hay poco, porque hay poco; si llueve, porque llueve; si hace demasiado calor… En mi defensa, y en la de mis compañeros de profesión, diré que, dentro de los mismos tópicos, la gente va al bar normalmente a buscar un hombro en el que llorar y ahogar sus penas. Mientras que nosotros, en lugar de ir al bar, pues tenemos el bar…

Tras esta justificación completamente gratuita voy a exponer el motivo de mi queja y sean ustedes quienes saquen sus propias conclusiones:

Ha llegado el verano al valle, y con él los miles de turistas que anualmente vienen Jaca a disfritar de sus vacaciones. Este año, además, es especial en la ciudad, ya que albergamos los festivales folclóricos de los Pirineos, con lo que soportaremos una afluencia aún mayor de visitantes, de modo que una ciudad de doce mil habitantes pasará a tener cerca de cincuenta mil.

En este contexto, para el que nos habíamos organizado milimétricamente, el día 28 de julio, nuestro cocinero jefe, una persona responsable y comprometida con su trabajo, recibe al mundo a su segundo hijo. Hasta aquí todo es normal: las personas tienen hijos todos los días, no hay porque echarse las manos a la cabeza.

El problema viene cuando “Papá estado” le dice que tiene la obligación de coger 15 días de baja desde el momento del parto. Lo que a priori era una situación de alegría para todos, se torna en crisis insostenible para una pequeña empresa en la que cada empleado es realmente importante.

El cocinero, como ya se ha dicho, es una persona cabal, y después de los tres días de rigor en los que ha estado acompañando a su mujer en el hospital para darle apoyo, quiere regresar a su puesto de trabajo. Pero ahora le obligan quedarse en su casa, como si de una baja por enfermedad contagiosa se tratara, sin ni siquiera darle la opción de pactar con la empresa una reducción de jornada, o un aplazamiento de la baja que él mismo ha generado con su trabajo.

En esta misma línea, la legislación dispone que los empleados de hostelería, con contrato de cuarenta horas semanales, tengan dos días libres consecutivos a la semana sin excepción, y solamente podrán hacer cinco horas extra a la semana. Sin embargo, nada impide que ese mismo empleado pueda tener simultáneamente otro contrato laboral de cuarenta horas en cualquier otra empresa. De modo que, si no me fallan las cuentas, un empleado con dos contratos de cuarenta horas puede hacer ochenta horas semanales, mientras que si en mi empresa trabaja puntualmente cincuenta horas semanales, por supuesto convenientemente remuneradas, se considera explotación y queda terminantemente prohibido.

En esta ciudad en la que gran parte de la facturación anual se consigue a través del turismo, trabajamos por oleadas. La oleada del Puente de la Constitución, Navidades, Semana Santa…. y por supuesto “El Agosto”. Un mes entero en el que conseguimos facturar para pasar los meses más duros del año cuando el trabajo realmente escasea.

En mi empresa siempre hemos abogado por el trabajo estable y los contratos indefinidos. Durante las épocas de máxima afluencia se trabaja más tiempo y más duro, mientras que durante la temporada baja se recuperan todas las horas que hicimos de más en la temporada

alta. Esta es la única fórmula que hemos encontrado para poder mantener una plantilla fija a lo largo de todo el año y así conseguir generar trabajo estable y de calidad.

Toda mi vida he sido trabajador por cuenta ajena, y como tal, un firme defensor de los derechos de los trabajadores. Una vez más la realidad es un jarro de agua fría. Me doy cuenta de que, para que esos derechos adquiridos con tanto esfuerzo y sacrificio sean efectivos, tiene que haber un estado realmente responsable y comprometido, que vele por sus ciudadanos y se adapte a ellos con una legislación adaptada a la realidad. Hoy por hoy estamos lejos de esa utopía.

Señores que hacen las leyes: por favor salgan de sus flamantes despachos y dense una vuelta para saber cómo nos afectan, en qué fallan y cómo podrían mejorarse dichas leyes. Preocúpense de observar y estudiar si sus normas consiguen el efecto deseado o por el contrario dan al trabajador una precariedad más acusada y al empresario le dejan completamente desamparado sin recursos para gestionar su empresa. Y por lo que más quieran, dejen de decir que las PYMES y los autónomos somos el motor de este país. Ayúdennos a sobrevivir. Dejen de equipararnos a las grandes empresas y multinacionales, ya que no tenemos los mismos recursos ni los mismos beneficios. Empiecen a legislar para los ciudadanos, empresarios y trabajadores.

Firmado: La Casa de la Montaña (Jaca)

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