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El renacer de la Cartuja de los Monegros en la provincia de Huesca

Pinturas de Fray Manuel Bayeu
Pinturas de Fray Manuel Bayeu / Pablo Otín/ DPH

Amanecía el siglo XVI cuando los Condes de Sástago fundaban la primera de las cartujas erigidas en el Reino de Aragón. Como lugar de emplazamiento, los condes escogieron una antigua ermita dedicada a la Virgen de las Fuentes, corría el año de 1507 en los Monegros y la aridez de tierra y clima llevaron a sus moradores a abandonar este primer asentamiento.

Años más tarde, en 1589, la Orden Cartuja tuvo que regresar al monasterio para poder recibir una herencia que estaba ligada a la fundación. Estos recursos económicos permitieron emprender la construcción de un nuevo conjunto monástico situado en un llano cercano al antiguo establecimiento. Las obras de la nueva cartuja se prolongaron durante buena parte del siglo XVIII, siendo la etapa de mayor actividad constructiva la que va entre los años de 1745 y 1777.

Han sido muchas las etapas por las que ha pasado este conjunto desde esa primera época con la salida de los carmelitas y el regreso de los cartujos, ya el monasterio del siglo XVIII con los nuevos mecenas y la llegada del joven Bayeu hasta la desamortización de Mendizábal y la venta con sus propiedades.

Luego llegó la adquisición por parte de Juan Romeo y la creación del balneario, tras el embargo y la compra en 1896 por Mariano Bastaras se transformaría en finca agropecuaria hasta la actualidad que es propiedad pública de la Diputación Provincial de Huesca desde 2015 y va recuperando su esplendor, incluso se ha visto convertido en plató de rodaje de la película Incierta Gloria.

Del pasado a un futuro que ya se ve

La Diputación de Huesca adquirió este conjunto para evitar un mayor deterioro de este importante ejemplo del patrimonio altoaragonés que fue declarado Bien de Interés Cultural. Recuperarlo había sido una reivindicación de Los Monegros desde hace más de dos décadas y ahora ya es nuevo punto de interés turístico y también de sujeción al que pueden asirse los habitantes de esta zona, a camino entre Sariñena y Lanaja.

Hace ahora tres años que la Diputación Provincial comenzó los trabajos para sacar de la ruina y el olvido este conjunto donde ya se han invertido más de 1,5 millones de euros. Son visibles ya los primeros signos de recuperación donde destaca la rehabilitación de las cubiertas que integran el recinto sacro, cuyas obras están ya concluidas y han evitado la pérdida de más de 250 composiciones pictóricas.

Una vez salvado de la ruina el conjunto monegrino y finalizadas las actuaciones más urgentes para proteger el conjunto pictórico, la vicepresidenta y responsable de Patrimonio en la DPH, Elisa Sancho, avanzó recientemente que se plantea sellar un convenio de colaboración con la Escuela Superior de Conservación de Aragón que establezca los pasos a seguir en el proceso de restauración de los frescos y tendrá también una parcela científica y formativa, donde destaca la creación de un máster especializado, que sería el primero del país. También la Diputación de Huesca avanza en el plan director de todo el conjunto y se ultima la redacción del pliego para contratar lo que será el

documento analítico y científico que establecerá los criterios para orientar y coordinar las futuras intervenciones de una recuperación integral.

A día de hoy, las obras están centradas en la cubierta de la antigua portería, procediendo al desmontado de la actual y sustitución de esta por otra, y que se estima puedan estar finalizadas antes de terminar el año. Esta es la primera de las actuaciones contempladas en la cuarta fase, presupuestada en torno a los 700.000 euros y con el apoyo de los fondos Feder, que acabará con la restauración integral de este edificio para convertirlo en centro de acogida de visitantes, además de intervenir en el atrio de la iglesia y en la eliminación de las humedades de la zonas del claustrillo y dependencias anejas.

2.500 metros cuadrados de Bayeu

Si algo llama la atención son los 2.500 metros de decoración pictórica que llenan de contenido los techos y muros de todo el monasterio, el mayor conjunto mural del siglo XVIII de Aragón por su extensión. No en vano, se despliega a lo largo de 2.500 metros cuadrados en paredes, techos, bóvedas y capillas hasta la cúpula, a unos 20 metros de altura. Es la impronta de Manuel Bayeu que llegó a La Cartuja con una completa formación como pintor y capaz de planificar importantes reformas constructivas. Durante unos treinta años de su vida dejó en este conjunto su pintura mural, al fresco, al temple e incluso a la encaústica, además de algunas alegorías, coros angélicos, retratos de priores y los espacios en los que se encontraban los lienzos con escenas dedicadas a la vida de San Bruno.

Este monumento quiere ser una referencia obligada en la historia aragonesa y de Los Monegros y por ello está abierto al público los sábados, domingos y festivos nacionales con dos visitas cada día, una que comienza a las 11 horas y otra a las 12:30 horas.

Además, el conjunto abrirá también sus puertas varios días al mes para grupos con reserva previa en el correo visitalacartuja@dphuesca.es, hasta completar las jornadas disponibles.

El mayor conjunto de pintura mural barroca de Aragón 
L MAYOR CONJUNTO DE PINTURA MURAL BARROCA DE ARAGÓN

"Estamos ante el conjunto de pintura mural más importante del Alto Aragón y sin duda, uno de los más destacados de todo Aragón", asegura el doctor en Historia del Arte, José Ignacio Calvo, que hizo la tesis doctoral sobre Fray Manuel Bayeu (1740-1809), autor de las obras de la Cartuja de Monegros (Nuestra Señora de las Fuentes).

De hecho, afirma que se puede agrupar con las pinturas murales de la Cartuja de Aula Dei y con las del Pilar de Zaragoza, de Goya y de los otros hermanos Bayeu, Francisco y Ramón. Con unos 2.500 metros cuadrados, sin contar la pintura decorativa, es el conjunto más grande.

"No es un gran genio, pinta a la moda de la época, que se puede calificar como un barroco tardío o academicista, y copia mucho de estampas. Pero era muy hábil formando grandes composiciones. Su mérito principal es saber acometer murales y en la Cartuja de las Fuentes se reúne lo más importante de su producción", asegura el estudioso del autor.

Su obra de mayor calidad es precisamente la de sus primeras etapas, indica Calvo. Ingresó en la Cartuja como "probante de donado" en 1760 y, tras superar el noviciado, como "hermano converso", lo que le permitía una mayor libertad que a los padres. Por ello, hizo encargos en Jaca, Lalueza o el Monasterio de Sijena, y al margen de una estancia de dos años en la Cartuja de Valldemossa (Mallorca), vivió en la Cartuja de Monegros. Precisamente, una de las particularidades de este conjunto es que conserva la "unidad estilística", a pesar de que sufrió mucho en la Guerra de la Independencia y de que estuvo cerrado más de un siglo.

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