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Las ansotanas, vendedoras de té de Suiza y ejemplo de mujeres trabajadoras

cartel de la exposición las ansotanas vendedoras de te
Cartel de la exposición las ansotanas vendedoras de tede Suiza

No fueron muchas, pero llamaron la atención de los máximos escritores y pintores de la época hasta el punto de protagonizar cientos de artículos y pinturas que retrataban lo que se llamó la “auténtica España”. Las mujeres ansotanas que salieron de su valle para vender hierbas medicinales por toda España llegaron a las capitales con sus trajes típicos y durante décadas recorrieron a pie media península consiguiendo dinero para sobrevivir en las casas más pobres de Ansó. Elena Gusano es nieta de una de ellas y la autora de la exposición que se inauguraba este fin de semana en el Palacio de Congresos de Jaca. Asistía el director general de Política Lingüística, José Ignacio López Susín.
La muestra lleva por título “Mullers Ansotanas” porque pone el acento no sólo en las vendedoras de té de suiza sino en aquellas mujeres que sustentaban la economía doméstica y también trabajaban fuera de casa. Las vendedoras de té de suiza son un extraordinario ejemplo de mujeres que sustentaban la economía doméstica sin aparecer en ningún papel oficial.
Comenzaron a vender “hierbas medicinales” entre 1850 y 1860. Así continuaron hasta la guerra civil, consiguiendo té de suiza de contrabando en el sur de Francia y vendiéndolo en Madrid.
Hay referencias, tanto orales como escritas, del desplazamiento de las ansotanas a mediados del XIX para trabajar como jornaleras en la Tierra Plana, concretamente esforrachando lino. También se desplazaron en invierno hasta Mauleón, en el país Vasco Francés, para trabajar como obreras temporeras en las fábricas de alpargatas. Durante el verano iban a los Balnearios de Tiermas y Panticosa donde trabajaban sin sueldo, solo por las propinas.
Pero dentro de las actividades que realizaron fuera de su pueblo lo más singular es que se convirtieran en vendedoras ambulantes de té recorriendo España. A finales de siglo XIX Benito Pérez Galdós recoge su presencia por las calles de Madrid, donde posaron como modelos para diversos pintores: Galofre, Laparra, Zuloaga o Sorolla.
Recorrieron de la cornisa cantábrica a la costa mediterránea, pasando por el centro peninsular y bajando hasta Andalucía. Su presencia en las calles llamaba la atención en una sociedad, en la que todos estamentos habían abandonando los trajes tradicionales. Ellas, sabedoras de esto, utilizaron su indumentaria como reclamo.
Esta actividad como vendedoras ambulantes de “yerbas medicinales” y, en su última etapa “Te de Suiza”, se mantendrá durante el primer tercio del siglo XX, tal como queda reflejado en diversos artículos en prensa firmados, entre otros, por el intelectual Ramiro de Maeztu o por Indalecio Prieto, Ministro de la II República. El inicio de la Guerra Civil española, en 1936, marcó la desaparición de este modesto comercio

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