CULTURA

Llega a Barbastro la muestra ‘Marcelino, el príncipe de los payasos’

Este jueves, visita guiada a esta exposición itinerante de la DPH que puede visitarse hasta el hasta el 25 de noviembre

Marcelino, el príncipe de los payasos
'Marcelino, el príncipe de los payasos' se puede visitar hasta el 25 de noviembre en Barbastro.

Hasta el 25 de noviembre, el Centro de Congresos acoge la exposición itinerante de la Diputación Provincial de Huesca ‘Marcelino, el príncipe de los payasos’, un proyecto que nació con el objetivo de recuperar la esencia de un hombre que logró hacer de la risa un arte y de la emoción una herramienta con la que conmovió a espectadores de todo el mundo. El jueves a las 19 horas se ha programado una visita guiada por la muestra que permitirá conocer más de cerca esta figura.

A pesar de ser una figura reconocida que acaparó portadas hoy todavía es un desconocido para muchos. Esta exposición itinerante, comisariada por Víctor Casanova y Jesús Bosque e incluida dentro de la agenda cultural de otoño del Ayuntamiento de Barbastro, persigue volver a poner su vida y su obra donde pertenece: bajo los focos y sobre las tablas, a la vista de todos. Puede visitarse en horario de 18.30 a 20.30 horas.

El nombre de Marcelino Orbés es uno de los estandartes del entretenimiento de masas de principios del siglo XX. Bajo su nombre artístico de Marceline, este oscense (Jaca, 1873) se convirtió en el mejor payaso del mundo. Sus espectáculos eran el principal reclamo de uno de los escenarios más importantes del mundo, el Hippodrome de Nueva York, con capacidad para más de 5.000 espectadores.

Con un talento innato y los cambios sociales que se produjeron en los inicios del pasado siglo, la fama de Marcelino fue aumentando exponencialmente; primero serían los circos más importantes de España, donde adquirió una notable formación, poco después saltó a las grandes compañías europeas del momento: Lockhart en Francia, Carré en Holanda y Hengler en Gran Bretaña. Tras su triunfo absoluto en Londres, donde haría debutar al entonces joven y desconocido Charles Chaplin, dio su salto al otro lado del Atlántico.

Nueva York representaría su zénit y su caída. Durante siete años de forma ininterrumpida, Marceline se encumbraría como una estrella mundial y atraería a público de innumerables países. La llegada del cine y su inadaptación a este formato supuso el principal motivo de su declive, para acabar sus días arruinado en una habitación de hotel. Su suicidio fue llevado a portada de algunos de los principales periódicos del Estados Unidos pero su nombre poco a poco fue cayendo en el olvido.

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