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Urpi Barco enriquece la programación del Festival Castillo de Aínsa con sus raíces étnicas

La cantautora puso el broche de oro a un fin de semana en el que el humor, los cuentos y la música se adaptaron a todos los gustos y edades

Urpi Barco
Urpi Barco en el Festival Castillo de Aínsa.

El foso del Castillo de Aínsa abrió sus fronteras para recibir a una artista latina que lleva quince años involucrada en el mundo de la música independiente. Urpi Barco deleitó con un repertorio que forma parte de su nuevo disco, Manglares, donde recoge canciones originales en las que se fusionan el folclore colombiano y el jazz. Todo ello tras un fin de semana que arrancaba Diego Peña  y el espectáculo infantil de la compañía aragonesa PAI.

Los cinco componentes se subieron al escenario pasadas las ocho y media de la tarde, tras un amago de tormenta que quedó en un susto pasajero a tan solo unos minutos del comienzo del concierto. El bajo, la percusión, la guitarra y el saxo ensamblaron a la perfección con la voz de la intérprete, que jugaba sin cesar entre tonos y volúmenes imposibles, coros utilizando la técnica del “Live looping”(grabación y reproducción de muestras de audio en tiempo real) e instrumentos colombianos tradicionales como el “guasá” y el “maracón”. La artista, además, hizo gala de sus orígenes con vestimenta típica, colores vivos, historias cotidianas reflejadas en las letras de sus composiciones y el punto étnico necesario que faltaba en la presente edición del festival.

En el repertorio de Urpi Barco hubo espacio para homenajear a las mujeres colombianas; también a las personas que se ven obligadas a abandonar sus países por motivos de violencia, demostrando así que el compromiso social es un elemento sine qua non de sus trabajos.

No faltaron, además, los múltiples agradecimientos por el encuentro con el público. “Es un sueño estar cantando aquí, en este sitio tan bello y tan inspirador”, expresó la artista en el ecuador de su espectáculo. Hacia el final, las palabras de despedida fueron vivas a la música y al arte y un efusivo mensaje de reconocimiento a los organizadores del festival por hacerlo posible.

El aporte de la colombiana a la programación cumple uno de los requisitos indispensables en un festival de estas características: abrir la mente a otras sonoridades y creaciones que vienen de lejos. “El festival debe servir para enriquecer el bagaje cultural del público que asiste”, explica Paco Paricio, el director artístico, y es obvio que Urpi Barco entra dentro de dichas premisas. Lo ideal ante tal despliegue de capacidades hubiese sido colgar el cartel de “completo”, pero la amenaza de lluvia que se mantuvo a lo largo de todo el día no ayudó en la consecución de dicho objetivo.

Segundo fin de semana muy completo

Al concierto de Urpi Barco le precedieron, el viernes, el monólogo del zaragozano Diego Peña y el sábado el espectáculo infantil de la compañía aragonesa PAI, ambos con una satisfactoria respuesta del público. Para acudir tan solo se solicitó a los asistentes reservar invitación a través de la web del festival, llevar mascarilla y respetar los horarios establecidos.

Las normas continuarán siendo las mismas en los dos fines de semana restantes, salvo en lo que respecta al concierto de violín y piano que ofrecerá Ara Malikian el sábado 18, para el que, además de los requisitos anteriores, habrá sido necesario comprar una de las 700 entradas agotadas hace semanas.

A dicho concierto se añaden otras propuestas, todas ellas gratuitas: el documental “Una vida entre las cuerdas”, dirigido por Nata Moreno; el espectáculo “Sólo Fabiolo, un cabaret premium” de Rafa Maza; los diábolos, equilibrios, acrobacias y risas del Circo la Raspa; y el concierto de “Mondongo Swing”, detrás de cuyo nombre artístico se encuentran Luisa y Cuco Pérez. Con ellos recordaremos grandes canciones de vocalistas femeninas de la historia reciente.

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