agricultura

El cultivo, su calidad y los mercados internacionales, a análisis en la I Jornada Española del Cultivo de la Alfalfa

Organizada por AEFA, se celebrará el 11 de febrero en el Palacio de Congresos de Zaragoza

Campo de alfalfa
Corte de alfalfa en una explotación


La I Jornada Española del Cultivo de la Alfalfa se desarrollará el 11 de febreo en Zaragoza, y está previsto que asistan más de 1.000 participantes, entre agricultores, cooperativistas, productores, industriales y expertos del sector de la alfalfa deshidratada. El encuentro, organizado por la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA), se constituye como un foro profesional en el que intercambiar experiencias innovadoras, poner en común ensayos y trabajos de campo, y abordar las oportunidades que ofrecen los mercados internacionales para un producto altamente competitivo, además de difundir la gran influencia e importancia internacional que tiene la producción de alfalfa deshidratada en España.

La alta calidad de la alfalfa española, las ventajas de su cultivo y las oportunidades que ofrecen los mercados internacionales serán las principales cuestiones que se abordarán en esta jornada.

Aragón, con una superficie de 57.588 hectáreas cultivadas, seguida por Cataluña y Castilla y León, con menos de la mitad de hectáreas, son las comunidades más destacadas en el cultivo de alfalfa. Aproximadamente el 60% de la producción de esta forrajera se deshidrata en las 74 plantas desecadoras repartidas por toda España. El 80% de la producción se comercializa en forma de pacas, y el resto en formato pellet.

En los últimos años, la alfalfa deshidratada se ha convertido en alimento fundamental para el ganado en más de 45 países. España, tras Estados Unidos, es el segundo exportador de alfalfa del mundo y el primero europeo. En 2018, un tercio de la producción española se destinó al consumo nacional. El resto (1.280 millones de toneladas) se exportó principalmente a Emiratos Árabes y China.

La excelente calidad de la alfalfa española, unido a la existencia de las plantas deshidratadoras, convierten a España en el único país del mundo que ofrece una alfalfa deshidratada de altísima calidad, que asegura un elevado nivel de seguridad alimentaria, además de unas óptimas condiciones de conservación. La ausencia de fermentaciones favorece, además, su transporte y almacenamiento.

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