historia

400 años de la presencia de las ‘Hermanas pobres de Santa Clara’ en Monzón

En octubre de 2017 se iniciaron los actos conmemorativos con los que se quiere recordar la presencia de la orden en la ciudad

Clarisas
Dos integrantes del grupo de trabajo del 400 aniversario de las Clarisas en la exposición / Exposición

Un grupo de montisonenses en coordinación con la madre abadesa de las “Hermanas pobres de Santa Clara”, sor Alegría, han coordinado una serie de actos para conmemorar la llegada hace 400 años de la orden a Monzón.

Los actos se iniciaban en octubre de 2017, cuando el obispo emérito, Alfonso Milián, presidió la eucaristía que inauguraba los actos de este aniversario, posteriormente, coincidiendo con la Inmaculada se procedía a presentar un vídeo con algunas escenas teatralizadas en el que se cuenta su historia.

Actualmente, hasta el día 1 de junio se puede ver en la Sala Cerbuna de la Casa de la Cultura una exposición con vestuario, imaginería, objetos domésticos, objetos de costura, libros, instrumentos, ropa de iglesia, objetos curiosos como una caja de votaciones, una cratícula y paños. En la exposición hay 40 fotografías de Jesús Lavedán que resumen la evolución del convento, como explicaba Miguel Ángel Recio del grupo de trabajo.


Tras la exposición se quiere realizar unas charlas sobre la presencia de las clarisas y se quiere organizar un concierto de música sacra.



CLARISAS
El 24 de febrero de 1607, el Papa Paulo V expide una bula declarando el templo de Santa María como Colegiata insigne y abole la Colegiata de San Esteban para unirse a Santa María Formando un solo capítulo. La bula concluye diciendo que el templo de San Esteban será adaptado para la clausura de un monasterio de monjas clarisas.

En octubre de 1618 a petición del Ayuntamiento de Monzón cuatro hermanas procedentes de Lérida para fundar en la ciudad la orden en el convento de San Esteban en la actual plaza de Santo Domingo.



En 1642, al declararse la guerra de los Segadores y quedar la villa de Monzón totalmente deshabitada, las religiosas tuvieron que trasladarse a Zaragoza, donde residieron durante 25 años. Regresaron en 1667 y se instalaron en la casa de D. Martín Ozcoide, debido a que el primitivo convento había sido ocupado por los PP. Dominicos. En 1668 se trasladan a la iglesia y convento de Santo Tomás, junto al puente viejo.

En el año 1684 dos religiosas salieron de esta comunidad para ocupar los cargos de abadesa y vicaria del monasterio de Balaguer, dada la juventud de las hermanas que allí residían.

A comienzos del siglo XVIII y con motivo de la guerra de Sucesión, las religiosas tuvieron que abandonar de nuevo el convento, trasladándose a Barbastro.
En 1714 regresaban a Monzón para instalarse en casa de don Juan Palón situado en la calle de Roda. En 1718 regresaron al convento de Santo Tomás.

Durante los siglos XVIII y XIX las clarisas regentan una escuela de niños en Monzón hasta la llegada de las hermanas de Santa Ana.

Durante la guerra civil de 1936-39, las hermanas se refugiaron en casa de sus familiares. En ese tiempo fueron asesinadas tres monjas. Era sor María Antonia Pascau, sor Inés Sota y sor Josefa Belarra, la primera de Calasanz y las otras dos de Navarra. Fueron apresadas en Gabasa, en Mas de Perat, y conducidas a Peralta de la Sal, donde aparecieron muertas.
En 1955 llegaron al convento siete religiosas procedentes de Cantalapiedra. El refuerzo que supuso para la comunidad fue providencial.

El edificio quedó en estado lamentable, por lo que se decidió construir un nuevo monasterio en las afueras de la población, que fue inaugurado con su actual denominación el 17 de septiembre de 1961, para ello el empresario Pardina adquirió el convento de Santo Tomás a cambio de construir el nuevo en la actual ubicación.


Donde disponen de un obrador artesanal de repostería en el que, previo encargo, ofrecen una amplia variedad de pastas. También elaboran formas para la eucaristía y bordan y restauran ornamentos para el culto. Además, ofrecen a particulares labores de bordado, como mantelerías, juegos de cama y ropa de hogar. Se las conoce por los arreglos de ropa, especialmente por los “zurcidos invisibles”. Por otra parte, disponen de una pequeña casa de acogida para grupos de oración que tiene cuatro habitaciones y cocina, con siete plazas

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