OPINIÓN

Máximo Palacio Allué

Montañés humanista y servidor de todos

Máximo Palacio Biescas
Máximo Palacio Allué


Ricardo Mur, Párroco de Biescas

Máximo Palacio Allué nació en Biescas (Huesca) en 1930. Su infancia transcurrió entre esta villa y la ciudad de Zaragoza, adonde sus padres acudieron a trabajar como comerciantes. Tras la Guerra Civil la familia volvió a su villa natal, donde se dedicaron a la agricultura y la ganadería en las fincas de su propiedad. Años más tarde, Maxi trabajó en OCISA en las obras del represamiento de los ibones del Valle de Tena y la construcción de las centrales hidroeléctricas.

Siempre compaginó su trabajo con el mantenimiento de la ermita de Santa Elena y con sus aficiones humanísticas y científicas. Durante más de sesenta años fue Primiciero de Santa Elena y después Presidente de Honor de la Hermandad de Santa Elena, como de la Asociación cultural Erata de Biescas. Y al llegar la jubilación, se entregó a estas últimas actividades con dedicación exclusiva. En lugar de emplear las mañanas en vigilar e inspeccionar las obras, o a controlar quién baja o sube en el coche de línea, o llenar las tardes en aficiones y tareas propias de la condición retirada, no sólo aprendió a tejer sino que se metió de lleno en el mundo de la informática. Esto sólo es un botón de muestra de su singularidad y genialidad. Sólo había que entrar en los antiguos bajos del ayuntamiento, donde tenía su laboratorio y ver la perfecta conjunción que formaban el telar, el ordenador, los libros de plantas, las cámaras fotográficas, y el sinfín de herramientas, artilugios y cacharros diversos que allí podían hallarse.

En 2010, de un grupo de personas de Biescas, cercanas a Maxi, surgió la idea de realizar un acto público de homenaje a su persona, en vida plena, antes de que pudiera ser tarde para que él lo viese. Fue nombrado Hijo Predilecto de Biescas y se publicó el libro titulado Un paseo con Maxi por la historia de Biescas. Se trató de un acto de justicia y de reconocimiento a las virtudes y valores de un hombre singular, de alguien que es inimitable por irrepetible.

Maxi siempre tuvo alma de niño, de un niño que ama, admira y no se queda de brazos cruzados. Sus amores, además de su madre, Julia, y su familia inmediata, han sido la ermita de Santa Elena, la botánica, el telar y todo lo relacionado con la cultura y la vida de Biescas en particular, así como de su tierra pirenaica en general.

Maxi ha sido siempre inclasificable: montañés, ácrata y libre como un pájaro. Jamás lo habrán visto ni llevar reloj ni usar un teléfono. Y de ponerse gafas, usar audífono, ir al médico o hacer una visita a una tienda de modas, ni en sueños. Nunca se ha plegado ante nada ni ante nadie. Pero sin embargo sus puertas siempre han estado abiertas para todo el que ha querido entrar, su agenda disponible y su tiempo dispuesto para quien lo requiriese.

De su paso por este mundo nos quedan las huellas que suponen varias docenas de artículos en revistas como Jacetania, Fuellas o Erata, tanto en aragonés como en castellano, los libros O Alto Aragón cuan yera mozé chicotón y Traquitos de Biescas, así como alguna otra recopilación de sus artículos y trabajos, una buena muestra de tejidos y tapices y una colección de varios miles de fotografías de plantas del Pirineo y de otros muchos temas.

Falleció el pasado 31 de mayo en su casa de Biescas, donde él quería y como él pretendía, al margen de hospitales, residencias y demás herramientas propias de nuestros

días…. Su salud solo se resintió severamente al final de su vida, escasamente las dos últimas semanas. Celebramos su funeral el día 1 de junio, en la iglesia parroquial de El Salvador de Biescas, concelebrando todos los sacerdotes del valle, en reconocimiento a su vinculación total y absoluta con el santuario de Santa Elena.
Maxi, descansa en paz.


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