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Huesca descubre este jueves la ceremonia de "El sorteo", quinientos años después

Entre 1445 y 1707, el concejo anual que gobernaba la ciudad era elegido mediante el “método de las bolsas” , este jueves se representa a las 12h 

Toño L'Hotellerie
Toño L'Hotellerie en un momento del ensayo en el papel de Fernando el Católico


Entre 1445 y 1707, el concejo anual que gobernaba la ciudad de Huesca era elegido mediante el “método de las bolsas”, que no era otra cosa que un sorteo con normas estrictas. Cada 1 de noviembre, se elegían los cargos municipales entre los ciudadanos de la ciudad, que asumían dicha responsabilidad durante un único año. Este jueves se representa a las 12 horas en la Plaza de la Catedral con  un elenco de 50 actores.

Los espectadores asistirán a una puesta en escena del particular ceremonial del Sorteo, con música antigua, sorpresas teatrales y una base histórica que perdura en los libros de regiduría que todavía se conservan en el archivo del ayuntamiento. Precisamente allí, en dicho archivo, se guarda un tesoro: el arca de 1668 (construida hace exactamente 350 años) y las bolsas con los redolinos que se utilizaron hace siglos en la “extracción de oficios”. Ese patrimonio merece salir de su olvido y volver a ocupar el lugar que se merece.

Se trata de un episodio de la historia civil de la ciudad casi desconocido, y se pretende hacerlo llegar a los oscenses y a los visitantes mediante una propuesta teatral de Creadores de Ocio que pone en funcionamiento la Asociación Genius, movilizando a más de 50 personas en una representación en la plaza de la Catedral, el próximo jueves 1 de noviembre. El proyecto nace con la voluntad de perdurar en el tiempo y con la ambición de crecer y juntar historia y pedagogía con teatro, cultura y, por qué no, fiesta.

La reina María, lugarteniente del reino mientras su marido el rey Alfonso V el Magnánimo se pasó media vida conquistando Nápoles, acometió en primera persona esta revolución política que duró dos siglos y medio y que cambió la visión del poder local.

Huesca y otras ciudades de Aragón fueron pioneras en el método de la insaculación. Luego le siguieron las Cortes y, antes de alcanzar el siglo XVI, todas las ciudades importantes de la Corona ya utilizaban este método.

Bajo cuatro llaves

La ceremonia comenzaba con la lectura por parte del notario de la ciudad del informe realizado junto a los contadores. Era nada más y nada menos que una auditoria estricta, nada complaciente, de la labor de los gobernantes. Y proseguía con la aparición del arca de los oficios, que se abría con 4 llaves, custodiadas por 4 personas diferentes.

Del arca se iban extrayendo las diferentes bolsas y una mano inocente (un niño menor de 10 años, según el ceremonial) se encargaba de extraer los cargos. Si el nombre no estaba sujeto a inhabilitaciones, aceptaba el cargo, sonaban las chirimías y se encomendaba durante el siguiente año a cumplir con su deber.

Huesca tiene todo lo necesario para representar lo que fue aquella época, que sorprende por su autogobierno y respeto a las leyes. Huesca fue una de las primeras en adoptar esta fórmula, conserva el arca de 1668, las bolsas y los redolinos, un ceremonial de 1620 en el que se explica cómo era el acto de la insaculación y prácticamente todos los libros de regidurías de aquellos siglos, en los que, año a año, se detallan las elecciones y decisiones de esos gobiernos.

Tiene algo más, todavía más deslumbrante. Esta es la interpretación del escudo de Huesca que hizo el concejo en 1666 y que sacó a la luz el historiador Carlos Garcés Manau en su artículo “El arca de los oficios”:

“En la empresa o escudo de esta ilustrísima ciudad se ven unos mudos documentos que instruyen a sus ministros. Se ve un caballero que, sin silla, da a entender que los que subieren sobre el mando no han de tomarlo ni de comodidad ni de asiento. Se ve también sin estribos, para que fíe el ir derecho más en acciones propias que en las ajenas. También va sin espuela, para que entendamos que el estar en el puesto no ha de ser para picar ni herir”.
Sin silla, sin estribos, sin espuelas. Ese lema antiguo prefigura muchas de nuestras preocupaciones contemporáneas. Y es el último legado que Huesca conserva y que le permite reivindicar esta fiesta, esta representación, esta mirada al pasado que se pone en marcha el próximo jueves, con el objetivo de crecer y consolidarse en el futuro.

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