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Las nabatas vuelven a surcar las aguas del río Gállego

El caudal del río es "escaso" pero el espectáculo que ofrece esta tradición está garantizado

Nabatas
Las nabatas construidas para el tradicional descenso por el río Gállego

Las nabatas ya están listas para volver a surcar las aguas del río Gállego este domingo a las 11:00 horas en el descenso hasta el puente de Hierro de Santolaria, una tradición que recuerda el antiguo oficio de los nabateros y sigue reivindicando oposición de la zona a la construcción del embalse de Biscarrués.

Lola Giménez, coordinadora Biscarrués- Mallos de Riglos
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Durante este puente, los responsables de la coordinadora Biscarrués- Mallos de Riglos y vecinos de la zona han realizado talleres de construcción de estas plataformas y explicando todos los detalles sobre este oficio perdido. Este domingo, llega el momento decisivo. Lo cierto es que el caudal es escaso, por la falta de lluvias de estos últimos meses, pero la CHE y la DGA permiten soltar más agua para darle el auténtico carácter del río Gállego, bravo por naturaleza. De este modo, el espectáculo está garantizado.

GIMENEZ 1 NABATAS 20

Se ha preparado un completo programa de actividades que se extenderán hasta el 4 de mayo, con la 11ª Marcha por la Galliguera (13-18 km) y la XI Feria de primavera de la Galliguera (catas y degustaciones de vino, aceite, miel, cerveza, sidra, tapas de embutidos y postres). El lunes 22 de abril hay una jornada de rafting desde Murillo a Erés, "un pueblo que con el proyecto de pantano grande se iba a inundar y con el pequeño vería sus tierras de cultivo inundadas", explicaba Estachod.
Este año el caudal del río es inferior al del año pasado y desde la organización agradecían a la CHE que haya autorizado la suelta de agua para conseguir un caudal suficiente.

Historia de un oficio perdido en la Hoya de Huesca

Durante muchos siglos los vecinos de Murillo de Gállego, de Santolaria y de otros pueblos próximos se dedicaron a transportar madera flotando por las aguas del río. Los troncos procedían de los bosques de las sierras pirenaicas más meridionales. Se cortaban durante el invierno y luego eran transportados por pequeños riachuelos o por barrancos hasta al río Gállego. Allí bajaban flotando sueltos hasta Murillo donde, una vez sobrepasada la tremenda Foz de La Peña, podían ser atados formando almadías o nabatas que bajaban hasta Zaragoza o continuaban por el Ebro hacia destinos más lejanos.

En la capital aragonesa, la madera, conforme iba llegando al Ebro, se sacaba del agua y se disponía para su venta en las eras próximas al río. Allí debía competir con la que venía a la ciudad, en carros, desde Biel, y con la que bajaba por el Ebro después de haber llegado a este río por el Aragón. Entre ésta también había bastante que provenía de San Juan de la Peña, de Oroel y de las selvas de se extendían entre los dos montes.

En efecto: por el Gállego salía la madera de la vertiente meridional de ambas montañas y de los extensos bosques que crecían al sur de las dos peñas, pero la madera de las laderas septentrionales y la del valle de Atarés se conducía con bueyes hasta el río Aragón, donde eran atados los troncos para formar almadías en el ligadero de Santa Cruciella, junto al pueblo de Santa Cilia.
El viaje fluvial por el Aragón era más largo y más costoso. Por el Gállego se llegaba a Zaragoza -desde Murillo- en dos días. Por el Aragón se necesitaban seis o siete días. En el Gállego se pagaban derechos de peaje y azutaje, pero no se cruzaba aduana alguna. En el Aragón, además de pagar peaje y azutaje, se debían entregar los derechos aduaneros que reclamaba Navarra y varios onerosos tributos que exigían los nobles navarros por cuyos señoríos pasaba el río.

Los árboles talados en las selvas de Oroel, de San Juan de la Peña y de los montes próximos, bajaron a Zaragoza, e incluso a Tortosa, por el río hasta comienzos del siglo XX, cuando se construyó el ferrocarril de Canfranc que enlazaba la capital aragonesa con Jaca. El vapor de las locomotoras y el silbido del gigante, capaz de transportar miles de troncos a Zaragoza en pocas horas, señalaron la agonía del viejo oficio almadiero.

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