Miguel Gracia no ilegalizaría los partidos independentistas

El presidente de la DPH, preocupado por el incremento de los populismos, cree que son fruto de los errores cometidos por los partidos tradicionales

Miguel Grac
Miguel Gracia es el presidente de la Diputación Provincial de Huesca / Pablo Otín (DPH)

El presidente de la Diputación Provincial de Huesca no es partidario de ilegalizar a los partidos independentistas porque, dice, los permite nuestro ordenamiento jurídico. Por el contrario, cree que la línea iniciada por Pedro Sánchez basada en el diálogo dará mejores frutos que el enfrentamiento que parecen alentar otros partidos o la ilegalización que apuntó recientmente el presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán.

Gracia, que no aclara si intentará volver a presidir la DPH, destaca el papel que ha jugado la institución provincial en intentar buscar una solución al problema de la despoblación, ya que es la única administración, recuerda, que ha tomado medidas concretas.

Pero Gracia llega más allá, y es muy crítico con el posicionamiento de los llamados nuevos partidos respecto a las diputaciones provinciales. Acusa a esas formaciones de mostrar poca o ninguna sensibilidad con el mundo rural y lanzar mensajes populistas solo para sus electores del mundo urbano, ignorando así la existencia de los pueblos y el problema de la despoblación.

A este respecto recuerda Gracia que hay una deuda histórica del mundo urbano con el mudo rural y que éste último tiene que poder aprovechar sus propios recursos. Recuerda que el negocio de los saltos hidroeléctricos que se sitúan en zonas muy desfavorecidas se va muy lejos y, ahora que hay que terminan las concesiones de los mismos, hay que legislar para que reviertan en los territorios. Aunque el presidente de la DPH reconoce que hay muchos intereses al respecto, pero para eso está la política, añade.

También Miguel Gracia hace autocrítica sobre los populismos que parecen imponerse en la política actual. Dice que son fruto de los errores cometidos por los partidos tradicionales, ocupados en luchas internas y en debates muy alejados del interés de los problemas reales de los ciudadanos.

Por último, pide un poco más de calma en el debate político. Menos tweets y más sesiones parlamentarias y de negociación, dice.

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