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La economía aragonesa crecerá un 3,1% en 2018, de acuerdo al escenario esperado para el segundo semestre del año

Aragón presenta una buena demanda externa, los sectores productivos contribuirán al crecimiento y habrá aumento de la ocupación

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Por cuarto año consecutivo todos los sectores productivos contribuirán positivamente al crecimiento regional


La positiva evolución experimentada por la Comunidad Autónoma en el año 2017 se ha mantenido durante la primera mitad del año 2018 y el crecimiento de Aragón durante el primer semestre del año fue mejor de lo esperado, consecuencia principalmente del impulso de la demanda interna. Las previsiones para la segunda mitad del año también hablan de un incremento de la economía, por lo que se recomienda revisar la actual previsión de crecimiento de Aragón para el conjunto de 2018, que hasta ahora se situaba en el 2,5%. Por cuarto año consecutivo todos los sectores productivos contribuirán positivamente al crecimiento regional.

En el primer semestre del año, se produjo un crecimiento del PIB de Aragón del 3,4% y del 3,0% anual en invierno y primavera, respectivamente. Estas tasas fueron superiores a las observadas en el conjunto de España en cuatro y tres décimas, ya que el PIB nacional aumentó un 2,8% anual en el primer trimestre del año y un 2,5% anual en el segundo. Por comparación con el promedio de la UEM, cuyo PIB se incrementó un 2,5% anual en el invierno y un 2,2% anual en primavera, la economía aragonesa ha crecido a un ritmo nueve y ocho décimas más rápido en cada caso.

De esta forma, el comportamiento de la economía aragonesa durante el primer tramo de 2018 ha compartido con la española y la europea cierta tendencia a la moderación, si bien ha mostrado un dinamismo superior al promedio nacional. El escenario previsto para la segunda mitad del año, y que a continuación se desgrana, se enmarca en los supuestos y el escenario macroeconómico del contexto nacional cuyas previsiones oficiales del Gobierno de España son de un aumento del PIB del 2,7% anual en 2018 y de un 2,4% anual en 2019.

Todo ello lleva a revisar al alza el incremento de la economía, mayor de lo que se había inicialmente previsto.

Por lo que respecta al contexto regional, desde la óptica del gasto, el crecimiento de la economía aragonesa se explica fundamentalmente por el buen comportamiento de la demanda interna, cuyos pilares básicos continuarán impulsando el crecimiento. En el caso del consumo de los hogares, ello viene explicado fundamentalmente por la prolongada mejora del mercado de trabajo regional y la mayor facilidad de acceso al crédito gracias a la política monetaria expansiva implementada por el BCE.

En relación a la formación bruta de capital fijo, se espera que la inversión en maquinaria y bienes de equipo continué con su inercia que le ha llevado a acumular cinco años continuados de registros positivos en sus tasas de crecimiento interanual. Este buen comportamiento de la inversión vendría explicado, en gran parte, por las adecuadas condiciones de financiación junto con el dinámico proceso de inversión empresarial existente en la Comunidad Autónoma en diversos sectores económicos. Asimismo, la inversión en construcción crece ininterrumpidamente desde mediados de 2014, lo que contribuye a consolidar el proceso de recuperación del sector tras la crisis.

En relación a la demanda externa, se espera que continúe la tendencia del segundo trimestre del año en el que habría mejorado su contribución al crecimiento del PIB aragonés, debido a que las exportaciones de bienes y servicios incrementaban su ritmo de avance, mientras que las importaciones de bienes y servicios lo reducían.

Respecto a la vertiente de la producción, se espera que, en el conjunto de 2018 y por cuarto año consecutivo, todos los sectores productivos contribuyan positivamente al crecimiento regional.
En el mercado laboral, el crecimiento de la economía aragonesa en 2018 permitirá un nuevo aumento de la ocupación, lo que mantendrá la tasa de paro (EPA) por debajo del 10,0% para el conjunto del año.

En definitiva, se espera que a lo largo del segundo semestre de 2018 la economía aragonesa mantenga un nivel robusto de actividad económica, compatible con un mantenimiento de la senda de suave desaceleración experimentada, en línea con el contexto nacional y europeo.

Por todo lo expuesto, el Departamento de Economía, Industria y Empleo del Gobierno de Aragón prevé que el crecimiento real del PIB en Aragón en el promedio del año 2018 se sitúe en el 3,1%, seis décimas por encima de la anterior previsión, y cuatro décimas superior al registro esperado para el conjunto de España (2,7%). Esta nueva previsión del ejecutivo aragonés puede caracterizarse como prudente, a tenor de las predicciones de las principales instituciones y entidades que realizan inferencia estadística regional.

Asimismo, la actual predicción, se enmarca en un escenario base que presenta un balance de riesgos equilibrado, caracterizado por una serie de condicionantes cuyas desviaciones darían lugar a una modificación al alza o a la baja en la citada previsión, según el sentido de las mismas.
Entre los riesgos que podrían generar desviaciones desfavorables en la senda de crecimiento de la economía aragonesa, hay que citar la incertidumbre generada por la situación política en Cataluña ya que, dadas las estrechas relaciones comerciales existentes entre ambas regiones, Aragón podría verse especialmente afectada.

Respecto a las fuentes de riesgo de carácter global que podrían afectar al crecimiento de la economía aragonesa cabe señalar un menor crecimiento a nivel europeo, el repunte en el precio del petróleo o una política comercial global más proteccionista. Por otra parte, y en atención a la evolución del proceso del Brexit, no se espera que la Comunidad aragonesa sea de las más perjudicadas con los posibles efectos negativos, ya que distintos factores limitarán el impacto negativo sobre la economía de la región. Entre estos se encuentran la menor participación en la economía aragonesa de sectores como el turismo, una menor dependencia de su mercado inmobiliario de las ventas a extranjeros, una exposición inferior a la inmigración proveniente del Reino Unido o un incremento de la diversificación de los mercados exteriores aragoneses en la última década.

En el entorno europeo, se espera que la tendencia a la desaceleración en el ritmo de actividad iniciada en el primer trimestre del año se prolongue a lo largo de los próximos trimestres, en un contexto caracterizado por el tensionamiento de los precios del petróleo, el relativo endurecimiento de la política monetaria por parte del Banco Central Europeo, las crecientes tensiones comerciales generadas por la política arancelaria de Estados Unidos y las subsiguientes represalias de sus socios comerciales, así como cierta deriva política en numerosos países de la UE hacia partidos con agendas populistas y antieuropeas, sin olvidar las dificultades para llegar a un acuerdo de los términos de salida del Reino Unido de la UE.

En la misma línea, se espera que la economía española comparta con sus socios europeos la tendencia a la pérdida de impulso, motivada tanto por una menor contribución de la demanda interna, ante unas condiciones financieras que tienden a endurecerse, como por una desaceleración de las exportaciones derivadas del menor ritmo de actividad en la eurozona y de las tensiones comerciales globales.

Además de los factores de riesgo globales y europeos, la economía española debe hacer frente al aumento de la incertidumbre procedente de la situación en Cataluña y la complicada aritmética parlamentaria con la que debe trabajar el Gobierno de España para sacar adelante sus propuestas, entre ellas los Presupuestos Generales del Estado para el próximo ejercicio.

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