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La misa de la Ceniza Cofrade, con aforo reducido, da inicio a la Cuaresma en Huesca

La Eucaristía en la Catedral, dirigida a cofrades y cofradías, será a las 7 de la tarde

Con la imposición de la ceniza en la cabeza de los fieles, da inicio la Cuaresma
Con la imposición de la ceniza en la cabeza de los fieles, da inicio la Cuaresma


El obispo de la Diócesis de Huesca, Julián Ruiz presidirá este miércoles en la Catedral, la Eucaristía con la que se conmemorará el Miércoles de Ceniza. Este acto con el que se inicia la Cuaresma, diferente al de otros años, está organizado por la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz. Es lo que se denomina la "Ceniza cofrade", y en la misa el obispo impondrá la ceniza a los cofrades y fieles en general. En esta ocasión, la Catedral tendrá un aforo reducido a 90 personas y se respetarán las medidas sanitarias obligatorias.

La misa, que tendrá lugar a las 7 de la tarde, está destinada a los responsables y miembros de las Cofradías de Semana Santa de Huesca. Precisamente serán ellos los que tomarán parte en las lecturas y en las moniciones. No habrá ofrendas en el momento del ofertorio, como se hacía otros años, en los que se ofrecían además de la patena y el cáliz, una túnica, un mazo, el programa de la Semana Santa, la medalla de una cofradía o un instrumento.

También en otras ocasiones, al finalizar la Eucaristía tenía lugar en la plaza de la Catedral un toque de tambores y bombos a cargo del grupo de una de las Cofradías de la ciudad, acto que en esta ocasión no puede celebrarse, debido a la pandemia.

En el resto de misas del día, en todas las parroquias, también se impondrá la ceniza a todos los fieles que acudan a ellas.

La frase "Polvo eres y en polvo te convertirás", que se pronuncia al depositar la ceniza sobre la cabeza de los fieles, ha ido cambiando a favor de "Convertíos y creed en el Evangelio". Este gesto tiene varios significados: la ceniza evoca la destrucción por el fuego o por la descomposición, la muerte. Evoca también el pecado, con la necesidad de misericordia y perdón. Y recuerda finalmente el fuego que quema y purifica, permitiendo que, después, crezca semilla nueva. De ahí la invitación a andar por otro camino y creer en el Evangelio.

Para que, al final de la Cuaresma llegue la resurrección, los cristianos deben ir muriendo a cosas que no les dejan vivir. Para ello se servirán del ayuno, la oración y la limosna. El ayuno como dominio sobre las cosas; la oración, como esfuerzo de llevar la vida a Dios y Dios a la vida; y finalmente, la limosna, como forma de descubrir el sentido del compartir.