Cartas al director: Ojo por ojo

Don José Ramón López Goni, en nombre del Colectivo de Objeción y Antimilitarismo.

El ojo por ojo, dejará al mundo ciego, esta conocida expresión utilizada por múltiples defensores de la no violencia viene a cuento de los trágicos sucesos del pasado 11 de Marzo. Como pacifistas y antimilitaristas, entendemos la paz como la consecución de un mundo más justo, luchamos contra las causas de las injusticias y consideramos que la represión, la explotación, la desigualdad y la falta de libertad son las causas de la mayor parte de las violencias que nos encontramos en la realidad más cercana y en la más global.

También somos noviolentos, queremos cambiar la realidad por la fuerza de la razón, de la convicción, de la sensibilización y la movilización social. No vamos a matar a nadie pero tampoco vamos a renunciar a nada, queremos un mundo nuevo, una sociedad justa, la desaparición del militarismo, en todas sus expresiones es para nosotros, nuestra contribución a la construcción de ese mundo más justo. Promovemos el compromiso individual, la organización colectiva y el desarrollo de campañas abiertas a la participación, en contra de todo aquello que genera dolor, sufrimiento, odio y muerte, aquí y en cualquier lugar del mundo.

Todo esto, nos lleva en muchas ocasiones a enfrentarnos con la legalidad, desobedecemos lo que podemos porque estamos convencidos y se demuestra cada día que la legalidad no es igual a la justicia, a la paz y a la libertad. Asumimos las consecuencias de nuestros actos y llamamos a que sean seguidos y practicados por más personas.

Y con todo esto, llega el 11-M, 200 muertos, sangre, sufrimiento, dolor, gente humilde, trabajadora, desgarrada para siempre, muerte indiscriminada, violencia pura, guerra, pero esta vez no en Irak ni en ningún otro lugar lejos, no lo vemos por la tele, por los corresponsales de guerra, es aquí mismo. Es verdad, es terrorismo, pero, ¿qué es el terrorismo?, es una forma de guerra en la que también mueren inocentes, en la que la verdad, también es la primera víctima. Esta vez no ha sido un ejército, una de las llamadas fuerzas de seguridad del Estado; ha sido un grupúsculo de cuyo nombre no queremos acordarnos. Nuestra valoración es la misma, estamos en contra de la violencia como método de acción política, colectiva, pública, la practique quien la practique, con uniforme o con turbante o con los artilugios de los que quiera disponer. No creemos que ninguna idea positiva de paz, progreso, libertad, justicia se haga realidad, ni siquiera se acerca, con muertos encima de la mesa, ni aquí, ni en Irak, ni en ninguna parte.

En este hecho concreto, nos llama la atención la manipulación y utilización electoral del hecho; al parecer, al Gobierno no le daba igual que los ejecutores fueran unos u otros porque le interesaba ocultar una de las consecuencias de su política, mostrando así una tremenda hipocresía. También son llamativas las condenas retóricamente impecables y contundentes de gobiernos cuyos países mantienen en sus territorios graves conflictos, en los que el gobierno recurre a la violencia o la consiente a través de grupos paramilitares (Alvaro Uribe y el "el plan Colombia" para mantener a un país empobrecido bajo el control del ejército y los paramilitares), o el caso de Méjico con conflictos abiertos como en Chiapas o las muertes de mujeres en Ciudad Juárez permitidas y no investigadas por el gobierno. Y, ¡como no!, Bush y su cruzada contra el terrorismo para la que el fin también justifica los muertos y cuyos éxitos se miden en muertos, destrucción y países invadidos. O el propio Aznar, cómplice de Bush y violento por excelencia a la hora de resolver cualquier conflicto social, laboral o del tipo que sea. Y tantos otros ejemplos que podríamos citar.

Nuestra postura, como pacifistas y antimilitaristas es que consideramos el debate sobre la autoría como totalmente hipócrita, sobre todo por parte del Gobierno porque lo interpretaba en clave electoral, para conservar su prestigio y su poder. Pensamos que el debate sobre la guerra o sobre el terrorismo como una forma de guerra sin espacio ni tiempo fijo ni único, no consiste en analizar su justificación o legitimidad que, seguramente siempre la tiene desde aquellos que la ejecutan porque se sienten reprimidos, explotados, discriminados y masacrados en un sistema político, económico y social injusto que no reconoce sus derechos ni identidades. Tampoco nos parece positivo reconocer la supuesta legitimidad que atribuye la legalidad que permita bombardear, ocupar, golpear, privar de libertad, invadir y, también matar más o menos indiscriminadamente. Es necesario que nos planteemos la cuestión ética, los valores universales que todos decimos defender, queremos la solidaridad, la justicia, para todas las personas, acabar con las estructuras, políticas y economías que oprimen a los pueblos; pero no pensamos que el fin justifique los medios; los medios van construyendo los fines y si matamos, destruimos, para conseguir esos fines, cada vez estarán más lejos o, por lo menos, igual de lejos, por ese ojo por ojo perpetuo que ciega a nuestro mundo y que nos obliga a volver a empezar cada día. Siempre vamos a defender la denuncia, la reivindicación, la protesta, la acción directa noviolenta, la desobediencia civil ante todo lo injusto, el apoyo mutuo, la solidaridad entre todos y todas los y las que compartimos una misma causa, porque creemos que esa es nuestra fuerza y es la que pueda arrinconar a aquellos que sólo creen en la guerra, en el poder de la fuerza sobre la fuerza de la razón y que son los principales sostenedores de un sistema injusto.

Por último, en este 11-M que acabamos de sufrir, como en el 11-S, como en la guerra contra Palestina, en Colombia, en Chiapas, en el Irak, en Afganistán, en Corea, en el bloqueo a Cuba, en Irán, en tantos otros lugares a lo largo de la historia, denunciamos que son los propios estados, los propios gobiernos los que mantienen estructuras y sistemas que causan violencia, guerras y terrorismo como forma indefinida de guerra que aparece en cualquier momento o en cualquier lugar, por su incapacidad de afrontar los conflictos teniendo en cuenta unos valores y unos criterios de justicia, humanidad, respeto a los derechos humanos. Esos gobiernos hipócritas que se llenan la boca de condenas retóricas en cuanto un atentado rompe la realidad cotidiana, son los primeros que en sus políticas de seguridad olvidan cualquier análisis global o histórico de los conflictos, para recurrir una y otra vez a la supuesta violencia legal, la única legítima, según ellos y así multiplican el gasto militar, las intervenciones de los ejércitos, las actuaciones indiscriminadas por parte de las fuerzas de seguridad del estado que criminalizan cualquier realidad crítica con su gobierno o su sistema.

Exigimos que se opte por formas de resolución de los conflictos que tengan en cuenta su historia, sus víctimas, sus raíces y aquello que pueda servir para generar consensos, diálogos, respetos y progresos, desde un planteamiento de noviolencia constructiva capaz de caminar hacia la justicia y nunca hacia la renuncia a los valores humanos fundamentales. Por desgracia, antes que en Madrid, han explotado muchas bombas en Irak, en Palestina; incluso antes que en Nueva York, habían explotado muchas bombas en muchos lugares, quizás lejanos a la civilización occidental, pero en los que también había personas, seres humanos que sufren y que no encuentran respuesta a su sufrimiento. Su desesperación lleva a la violencia, para ellos también legítima. Y así podríamos seguir eternamente.

No queremos terminar sin hacer un llamamiento a las personas, a la sociedad a la gente que sufre las guerras, las violencias, para que sepa romper el infernal círculo vicioso de guerras eternas en el que los gobiernos nos sumergen. No nos conformamos con repudiar las consecuencias de las guerras en sus distintas formas, incluida el terrorismo: nos reafirmamos en la decisión de desobedecer a la guerra, no colaborando con los ejércitos, no contribuyendo a la industria armamentística, apoyando la objeción científica a la investigación militar y la objeción laboral, educando en la desobediencia a la guerra y en la cultura de la paz, apoyando la objeción fiscal a los gastos militares y apoyando la objeción de conciencia y la deserción en cualquier lugar del planeta.

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