Cartas al director: Raúl Giral Palacio

Javier Valenzuela Recio

El lunes 8 de marzo del actual, sobre las 16:30 horas, procedíamos a dar cristiana sepultura a Raúl Giral Palacio, natural de Santa María de la Nuez y residente en Paúles de Sarsa, a quién, con toda la vitalidad, energía y ganas de trabajar y vivir del mundo, una fatídica enfermedad, que le surgió increíblemente el martes 2 de marzo, en apenas 4 días segó su vida. Entonces, en el cementerio de Paúles de Sarsa, al introducir el ataúd en ese nicho, que por otro lado también él había construido, al despedirle junto a más de trescientas personas que se acercaron para darle este último adiós, pude contener la emoción, y alguna lágrima, muy pocas, exteriorizaban mi dolor e impotencia. Ahora, al sentarme en el ordenador, tecleando frente a esta pantalla que durante tanto tiempo hemos compartido, siento por todo el cuerpo una extraña sensación.

Siempre lo dio todo por todos, en su familia, a sus amistades, en el pueblo y, por su puesto, en su Asociación ?Amigos del Santuario de la Nuez?. Porque al margen de su familia, su vida laboral, su relación con los vecinos, Raúl centró sus inquietudes, desde que se fundó, con los ?Amigos del Santuario de la Nuez?... Todos estos años en la Asociación que tanto amaba, haciendo que nos sintiéramos a gusto y unidos.

Hombre de profundas creencias religiosas, sobre todo en lo referente a la devoción a Nuestra Santísima Madre la Virgen de la Nuez. Fue un ejemplo de cristiano, no sólo de palabra sino de obra, y todo sin hacer ostentación de nada, discreto y dando ejemplo de humildad y amor al prójimo, ¡y todo a cambio de nada!.

Los vecinos y amigos del Alto Valle del Vero tenemos que agradecer a Raúl Giral Palacio, todo el esfuerzo que durante los últimos años ha hecho en pro de nuestros pueblos, ayudando en primera línea a recuperar y rehabilitar tanta cultura y tanto patrimonio del que, hasta hace cuatro fechas, sólo se podía esperar lo peor, su desaparición; y desde los ?Amigos del Santuario de la Nuez? reconocer su acierto y entrega desinteresada a la obra cultural y social que defendemos y potenciamos en la Asociación.

Todos sabemos la gran y eficaz labor que desarrolló. Participó, más que participar, dirigió, supervisó, organizó y trabajó en los distintos Campos de Trabajo preparados por los ?Amigos del Santuario de la Nuez?, como la rehabilitación en sus distintas fases del Santuario de la Nuez (abadía, cubierta de la iglesia y los casales, preparación del altar para colocar el retablo que en su día nos cediese Nuestro Obispo Javier Osés), restauró la plazoleta de San Miguel de la Iglesia de San Miguel de Paúles de Sarsa, sus accesos con una escalinata única, también la lonja y en su interior el altar, en Almazorre rehabilitó el interior y exterior de la Ermita de La Esperanza, realizando la escalinata de más de 50 metros de acceso a su Parroquial de San Esteban, rehabilitó tanto el interior como la lonja de la Parroquial de Sarsa de Surta, remozó de igual forma el Molino de Pedro Buil restaurando toda su maquinaria, que por otro lado, siendo de su propiedad, había cedido gratuitamente a los ?Amigos del Santuario de la Nuez? para su utilización cultural y etnológica, etc... También fue el ?culpable?, entre otras hazañas, tras largas, tirantes e incomodas conversaciones y tras muchísimos viajes, de que la campana de Sarsa de Surta regresase en 1999, tras treinta años en Robres, a su campanario de origen.

Pero sin duda una de sus labores de mayor relevancia, y de las que más orgulloso se sentía, fue la puesta en marcha y posterior funcionamiento del Museo Etnológico Molino de Pedro Buil, con la rehabilitación total de su maquinaria, así como la recogida y exposición de más de 40 piezas relacionadas con el mundo del cereal, catalogación, etc...

Como he dicho, falleció el pasado 6 de marzo, a los 69 años, cuando aún conservaba esa lúcida memoria de todos sus tiempos, y una disposición para la aventura y excursiones inusual para su edad que desde siempre le habían marcado. Admirado y respetado en toda la comarca por lo que sabía y lo que hacía. A juzgar por su buen humor, por su fidelidad al valle, por la confianza y entusiasmo que contagiaba a los amigos que pasamos con él las horas, se diría que le faltaban horas y le sobraban proyectos... Muchos de esos proyectos estaban en su mente y ahora, con su definitiva partida, difícilmente se podrán realizar.

Bien pudiéramos apodar a Raúl como la ?inagotable fuente? del valle de ?Tierra Bucho?, fuente de la que han bebido y gustado todos los eruditos, y otros amateurs, que han rondado por la zona en busca de información de primera mano sobre tradiciones y culturas olvidadas, de enseñanzas de antaño, y de la que nos hemos favorecido verdaderamente los asiduos consumidores de la publicación ?Tierra Bucho?, donde metódicamente colocaba sus esperados y sabrosos artículos.

Este parecer no es tan sólo mío, sino compartido por todos los que en persona hemos tenido el privilegio de conocerlo y por la mayoría de los que han leído sus escritos a través de la revista que editamos desde esta Asociación; siendo, como son, sus crónicas y comentarios los más leídos, seguidos, loados y esperados por nuestros habituales lectores. Resultado de este don, carisma y afición fue la publicación del libro ?Cuentos y leyendas alrededor del fogaril?.

Acostumbrarnos a vivir y a trabajar sin él va a ser muy duro, pero precisamente para honrar su memoria haremos todo lo posible por continuar y seguir su huella, una huella profunda e imborrable. Raúl ha marchado, pero ahí nos ha dejado para nuestro goce y disfrute su rico legado, que sin duda alguna lo convertirán en uno de esos personajes históricos aragoneses que, como sus cuentos y leyendas, sobrevivirán al paso del tiempo y será recordado por muchas generaciones.

Raúl, tus amigos de ?Tierra Bucho? siempre te recordaremos. Gracias por haber contribuido con tu generosidad y tu obra al enriquecimiento de nuestra tierra. Descansa en paz. Hasta el cielo.

Hay hombres que luchan un día y son buenos.

Hay otros que luchan un año y son mejores.

Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.

Pero los hay, como tú Raúl, que luchan toda la vida:

Esos son los imprescindibles. (Bertolt Breht)

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