Y traeremos el río

Cristina Pérez

Esto es tan viejo como la democracia. Lo de las promesas electorales. Como la de aquél pueblo donde el candidato se empeñaba en llevar un puente, hasta que se enteró de que no había río, así que prometió que, entonces, llevaría el río. Ya ven , casi , casi lo que era un chiste, resulta que va a ser ?promesa cumplida? En fin. Los ciudadanos tenemos memoria electoral y, si no, lo que tenemos son los programas electorales en las hemerotecas para repasar ese furgón de promesas que llevan a cuestas los candidatos y que sale por los altavoces inundando las calles de un ambiente verbenero con reparto de pegatinas incluidas.

La democracia debe ser eso. Una fiesta. Con música, con programas, con encuentros en plena calle, con charlas apostando por un programa o por otro. Explicarle a un niño el sentido de la democracia, debería ser una asignatura prioritaria para introducirlo al mundo normal; las elecciones de su consejo escolar o el reparto equitativo de lapiceros en infantil, son ejemplos tan básicos como democráticos. Para que luego, a la hora de la verdad, no sucumban ante quienes venden burbujas de aire pintadas de colorines, pero eso, burbujas de aire.

Estos días, habrá muchos ciudadanos que andarán esperando a que les lleven el río...a que les amplíen el pantano o a que cambien el curso del Ebro, es lo mismo. La capacidad de cada quien es la de escuchar, valorar y estudiar en qué lado va a estar. No se crea, en el fondo, todos llevamos a un político dentro y todos sabemos discernir entre el que nos va a traer el puente o nos va a traer el río. O, incluso, las dos cosas a la vez.

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