Imposible civismo

Lorenzo Río

En pleno siglo XXI, año 2004, aún queda mucha gente por civilizar y no hablo de la de los países del Tercer Mundo, no. Hablo de la gente de aquí, de aquellos amables ciudadanos que cada mañana de viernes, sábado o domingo nos permite deleitarnos con las obras de arte que hacen en las noches de fiesta oscense. Véase así cristales rotos, escaparates reventados, letreros destrozados, obras asaltadas, coches dañados, paredes grafiteadas... y así hasta un largo etcétera de numerosas creaciones vandálicas de estops cívicos ciudadanos.

Este fin de semana Huesca ha vivido una de las peores jornadas de violencia y vandalismo desde hace mucho tiempo, algo que hace que me plantee el absurdo mental que invade el cerebro de algunos de nuestros compañeros de ciudad. Por supuesto, el alcohol como acompañante agrava este estado mental que de zafiedad, llega a ser de estupidez cuando los grados y litros de la bebida aumentan en el vandálico.

Hace unas semanas visité un país del norte de Europa en el que este tipo de actividades no tendrían cabida. El civismo es algo que aquí parece ser que no existe en la cabeza de algunos ciudadanos que vuelven a la época de la caverna para coger el hueso y en vez de lanzarlo al aire, cogerlo y lanzarlo contra lo que le rodea. Y es que parece que aquí, en materia de respeto a la ciudad no existe. Les pongo un ejemplo: en el país del que les hablo, me preguntaban horrorizados por qué en España algunos ciudadanos pintaban en las paredes incluso de algunos monumentos históricos, o se dedicaban a romper papeleras, cristales y farolas. La verdad, ni siquiera supe responder. Sólo sentí vergüenza.

En fin, mientras exista gente capaz de llevar la absurdez al máximo con actos de vandalismo como los aquí vividos, no sé si en algún momento podremos comprender algo que en otros lugares resultan tan evidente como es el civismo, el respeto y la conciencia social.

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