“Cuando jugar deja de ser divertido”

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Bajo este título tendrá lugar este viernes en Jaca una charla coloquio organizada por el Club de Debate FALCA y la asociación Naxé, con el objetivo de dar a conocer diferentes aspectos de la ludopatía. En ella intervendrán Mª Carmen Abadía, psiquiatra del Área de Salud Mental del Centro de Salud de Jaca, José María Navarro, psicólogo, responsable del programa para jóvenes del Centro de Solidaridad-Proyecto Hombre de Zaragoza, y José Antonio Sorbed, terapeuta de la Asociación de Jugadores en Rehabilitación, Azajer.

Según diversos estudios, podemos afirmar que el juego de azar se conoce desde el año 2000 A de C., precediendo incluso a la aparición del dinero. ?Jugar? es un fenómeno inherente al ser humano pues contiene todos los valores de la vida del homo sapiens, puesto que es una actividad libre que permite a la persona realizarse o transformar la realidad.

Psicológicamente, el juego de azar es un reto a la suerte, mediante el cual una persona proyecta sus esperanzas de cambiar mágicamente el futuro a su favor, o al menos de experimentar el placer del triunfo contra el riesgo del fracaso a pesar del sufrimiento que conlleva la incertidumbre; es un deseo de huida de la mediocricidad o monotonía cotidiana.

El uso del azar en el juego es considerado un diversión cuando hay un control y un gozo en el acto en sí mientras que deja de serlo cuando implica sufrimiento y descontrol, por lo que la persona pierde su libertad de decisión (Bombín, 1992).

Entre los juegos de azar, se establece cuatro grandes clasificaciones: a) por su licitud (lícitos e ilícitos); b) por su administración (públicos y privados); c) por su contenido (máquinas tragaperras, bingos, casinos, cartas, loterías y apuestas deportivas) y d) por su poder adictivo (muy adictivos y poco adictivos) (Bombín, 1992).

A la hora de hablar de este último punto, esto es, su potencial adictivo, podemos encontrar juegos los altamente adictivos, por el escaso tiempo transcurrido entre el momento de la apuesta y el resultado y los juegos escasamente adictivos, por el carácter diferido en el tiempo del resultado respecto al momento de la apuesta.

Las clasificaciones hechas por varios autores en España (Becoña, 1993), González, 1989; Ochoa y Labrador,1994; Rodríguez-Martos,1987), podemos encontrar cinco tipos de jugadores: 1) el no jugador, 2) el jugador social, 3) el jugador problema, 4) el jugador patológico, 5) el jugador profesional.

Lo habitual es que el juego se quede como una actividad lúdica y ocasional sin embargo ?este cruzar la línea? es imperceptible, como ocurre en todas las adicciones, pudiendo llegar el momento, en que el juego no es una diversión sino un problema con numerosas repercusiones sobre la persona y su entorno.

Una vez que se ha desarrollado el problema, esta dependencia prospera y se instala debido a mecanismos derivados de la propia dependencia ya sean psicológicos (frustración de reincidir, pérdidas progresivas de dinero, adquisición de la identidad de jugador), o socio-ambientales (el ludópata frecuenta cada vez más los círculos relacionados con el juego; los estímulos medioambientales del juego adquieren para el jugador propiedades incitadoras por mecanismos asociativos y el entorno social le adjudica el rol de jugador, que espera que desempeñe).

Según los datos del Estudio Epidemiológico sobre las ludopatía, realizado en el año 2000, podemos decir que uno de cada diez aragoneses tiene problemas con el juego de azar, lo que nos sitúa en cabeza de la incidencia de la ludopatía en el Estado Español (Azajer 2003)

Estas cifras llevan a plantear que alrededor de 25.000 personas en nuestra Comunidad son ludópatas y que alrededor de 70.000 personas son jugadores problema, con grave riesgo de poder pasar al estamento de jugadores patológicos; y todo ello sin considerar que cada persona con problemas con el juego, vive en un entorno familiar y social que está alterado y afectado por la dependencia del jugador, con lo que la cifra podría ser escandalosa. (Azajer 2003)

Respecto a los ingresos en el juego se puede afirmar que hay una presencia sensiblemente mayor en los niveles altos (14,40%); con lo que se rompe uno de los tópicos relacionados con el juego, esto es, que la ludopatía afecta más a los niveles de ingresos más bajos (Azajer 2003)

Algo similar ocurre que el nivel de estudios: los individuos con nivel de estudios medios y superiores representan el 47,95% de las personas en tratamiento en la Asociación Azajer, que se igualan prácticamente con las personas en tratamiento con estudios primarios que representan un 52,05%. (Azajer 2003)

¿Y qué ocurre con las edades? Los menores de 30 años son el grupo de población más afectado por la ludopatía en nuestra Comunidad, representando este grupo de edad el 76,15% de los jugadores patológicos y el 51,51% de los jugadores en progresión adictiva o jugadores problemas (Azajer 2003).

Pero aún más grave resulta que en el intervalo de 18-19 años, el 7% son jugadores patológicos y el 9,5% son jugadores problema. Los rasgos de los individuos tratados describen a un varón que ha dejado los estudios para trabajar, con una edad de 16/19 años y que maneja una cantidad de dinero superior a la media de su edad. El entorno de trabajo suele estar relacionado con el ámbito de la construcción y encontramos mayor índice dentro del mundo rural y de familias de bajo nivel socio/cultural. El tipo de juego se centra en máquinas tragaperras, aunque otras tendencias pasadas se orientaban a las líneas eróticas y en la actualidad a los 906 a través de Internet. (CSZ 2003).

Jugar generalmente es divertido, pero como vemos hay circunstancias en las que ya no es tan gratificante.

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