Tradiciones navideñas en el Alto Aragón.

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En el Alto Aragón todavía se mantienen antiguas costumbres y tradiciones en numerosas poblaciones. Antaño, por ejemplo, el aprovisionamiento para estas fechas se hacía en las ferias que precedían a la Navidad como la de San Juan de Plan, la Feria de Santo Tomás o la de Tamarite.

Las hogueras eran comunes en muchas localidades. En Coscojuela de Fontova se encendía en Nochebuena. En Monesma se encendía tras la misa de gallo, preparaban poncho, cantaban villancicos y repartían viandas. En Campo, la hoguera que todavía se enciende en la plaza permanece hasta Reyes.

Otra de las tradiciones más comunes de muchos pueblos del Alto Aragón era la quema del tronco de Navidad o la tronca de Navidad como se decía en Sobrarbe, o Cabirón, como se denomina en Robres y comarca. El encendido del cabirón tenía una gran carga de religiosidad y sentido mágico. El jefe de la familia se encargaba de encenderlo tras rociarlo con un buen chorro de cazalla. El cabirón permanecía encendido todas las Navidades. En el Sobrarbe la tronca de Navidad se hacía durar hasta la candelera. La tronca venía a simbolizar la raíz de la casa vinculada al fuego y a la familia. En Ansó se dejaba ardiendo toda la noche para calentar al niño Jesús. En Badaguás se dejaba hasta reyes o la Candelera, y para encender la troncada el dueño de la casa persignaba el gran tronco con un chorro de vino en forma de cruz. La tronca se denominaba choca en La Litera. Ésta se solía tapar con un saco ocultando golosinas chocolates, turrones, con un atizador o un palo se golpeaba el tronco entonando una canción.

En numerosas localidades, a medianoche se va a la iglesia a escuchar la tradicional misa de gallo. A principios del siglo XX las fiestas de Pascua en Huesca eran populares como ninguna otra, y se celebraban con gran animación. Tras la tradicional misa de gallo comenzaba la juerga callejera, cuadrillas de jóvenes tañendo bandurrias y guitarras, entre gritos, ruidos algazara y buen humor recorrían las calles. Las comidas extraordinarias eran comunes en todos los lugares, incluso en la cárcel. Y los niños del hospicio recibía diversos obsequios.

En Somanés se reúne todo el pueblo en nochebuena para beber vino quemado o mezcla de frutas. Asisten a la misa de gallo y después hacen una ronda por las calles cantando villancicos o pasando por las casas del pueblo. Las gentes de Pozán de Vero y de Abiego escenifican un Belen viviente. En Abiego, además, antiguamente se pasaba con un burro por todas las casas para visitar a los enfermos y felicitar la Navidad. Otras costumbres se van perdiendo o evolucionan. Piracés celebraba estos días su fiesta pequeñas. En Lastanosa y en Pallaruelo de Monegros cantaban las coplillas antes del rosario. En la Almunia de San Juan, la misa de gallo era la ceremonia más destacada. Antiguamente se guardaba ayuno riguroso durante el día 24 víspera de la Navidad. Al salir de la misa terminaba la vigilia y se comían entonces las mejores viandas. En Badaguás, se reunía la familia entorno a la gran tronca de Navidad. Después de bendecir el tronco iniciaban la comida, que en la montaña se componía de la típica tronca navideña amasada expresamente para la fiesta, empainazos con espinacas, pastelillos de calabaza, bellotas dulces, peras asadas, higos secos, pasas, nueces y orejones.

Para estos días las mujeres de Valfarta solían elaborar empanadicos de cabello de ángel. En Alcalá del obispo preparaban empanadones de calabaza y dobladillos. Las mujeres de Alquezar amasaban dos o tres días antes de la Navidad porque para nochebuena tenía que haber pan tierno. Mientras en la Pobla de Castro el postre preferido era el panillet.

Pero además, la fiesta de Navidad nos trae otras muchas tradiciones como la colocación de belenes, monumentales como el de Monzón o móviles como el de Peralta de la sal. Sin olvidar tampoco otros como el belén montañero de Peña Guara que ya es tradición visitar en las Gorgas San Julián.

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