Volver a casa

Cristina Pérez

Ha vuelto a su casa, como el anuncio del turrón, y ha vuelto por navidad. Y su casa casi no está. Su casa , en la que habitó su vida infantil, en la que se oían las risas correr escaleras arriba, la casa en la que creció por dentro y por fuera, la casa donde su madre inventó un mundo..esa casa ya no es esta.

Y eso que, después de muchos años, decidió volver por navidad por aquello de fomentar la melancolía y por eso de que , en estas fechas, las cosas se ven con una especie de fondo anaranjado y brillante que dan otro color a las cosas. A su casa no.

Ayer cenó prácticamente solo, si no tenemos en cuenta a los fantasmas que, de vez en cuando le arañaban el alma y le obligaban a tragar despacio el vino quemado que, Agustina, la de la calle de abajo, le había dejado preparado, junto al fuego encendido.

Un hombre urbano, de ciudad, acostumbrado a las luces, al ruido, a la comodidad y al bullicio, ha elegido esta navidad para reinventarse. Y, al parecer, para esta tarea, necesitaba volver a su cuna. Su casa. La del pueblo , ese pueblo del que estaba deseando huir y por el que ahora , si pudiera, daría su apartamento, su coche, y hasta su mejor móvil por volver a vivir en él.

En esta navidad ha vuelto a casa. No hay abuelos que le esperen, ni siquiera un perro labrador que se siente con el en la alfombra de lana, porque no hay tampoco alfombra de lana. Cuando se cerró la casa, fue desapareciendo todo poco a poco.

Pero da igual, este hombre que se ha propuesto renacer en esta navidad, sólo necesita la soledad, mirarse por dentro y descubrir al niño que, otras navidades, habito en su cuerpo y en esta casa

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