La Europa de dos velocidades

Rosa González

Tras el fracaso de la cumbre de Bruselas del pasado fin de semana, el término más utilizado es el de ?Europa de dos velocidades?. Se ponen las espadas en alto ante esta expresión que puede desembocar en una unión de estados en la que haya países de primera y de segunda, algo que en España conocemos bien ya que lo vivimos desde los inicios de la democracia con las autonomías de vía rápida y las de vía lenta ? y, por desgracia, Aragón es de estas últimas -.

Pero antes de echarse las manos a la cabeza debe recordarse que este mecanismo integrador se recoge en el Tratado de Niza, aprobado en 2001, por lo que es perfectamente legal siempre y cuando sea un proceso abierto a todos los estados que lo deseen, no se vulnere el acervo comunitario y, al menos en lo político, no haya ciudadanos de primera y de segunda.

Se acusa a España de ser, junto a Polonia, el Judas de esta cena. Pero Francia y Alemania podían habérselo pensado un poco más antes de romper el pacto de estabilidad dejando con dos palmos de narices al comisario de Economía. Y éste es tan sólo un pequeño botón de muestra de la integración comunitaria. Una integración que, no me canso de repetir, no podrá avanzar si todos los estados siguen mirándose el ombligo y concediendo competencias a regañadientes. ¿Cómo va a conformarse España con la representación parlamentaria que se le concede si cada uno sólo barre para su casa?

De acuerdo que nuestro máximo representante en Europa podía acercarse un poco más a sus socios comunitarios y dedicarse menos a cruzar el charco para visitar ranchos, pero no es menos cierto que el que no llora no mama y en esta Unión Europea que estamos construyendo, a llorar han aprendido todos.

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