El año 2003 está siendo uno de los más trágicos en las carreteras altoaragonesas

Según los datos provisionales de la Jefatura Provincial de Tráfico, 69 personas han perdido la vida en la red viaria de la provincia de Huesca en lo que llevamos de año. En 2002 ya hubo un incremento de víctimas mortales llegándose a las 66 cuando en los años 2001 y 2002 hubo 60 muertos en las carreteras oscenses. A estos datos hay que añadir los más de 1.000 heridos que se han producido y la cifra de accidentes que sobrepasa con creces las de los últimos años.

Una de las carreteras más conflictivas sigue siendo la N-240, en el tramo entre Huesca y Lérida, en el que 16 personas han fallecido en esta vía, curiosamente las seis víctimas mortales de noviembre en todo el Alto Aragón se dieron en esta carretera. Desde Tráfico se insiste en que no sólo la densidad de circulación es motivo de la alta siniestralidad.

La accidentalidad se debe a muchas causas. Por un lado, la provincia de Huesca tiene una zona importante de paso por la N-II y la Autopista A-2 en dirección a Cataluña y por otro están los accesos al Pirineo que se convierten en un punto conflictivo también durante el invierno en dirección a las estaciones de esquí. La mayoría de los accidentes se producen por imprudencias de los conductores, distracciones, velocidad inadecuada y también por conducir bajo los efectos del alcohol.

Para intentar rebajar estas cifras de accidentalidad, recientemente se aprobaban unos cambios en el Reglamento General de Circulación en el que se incrementa la protección de ciclistas y peatones y se obliga a los conductores a llevar en su vehículo los chalecos reflectantes, también se prohíbe el uso de los instrumentos con pantalla mientras se conduce o repostar con la radio y el móvil encendidos. Otro aspecto importante es de los sistemas de retención obligatorios para niños.

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