La clepsidra

Cristina Pérez

El agua va marcando el tiempo, gota a gota, en una clepsidra, un reloj que le roba el agua al tiempo, que marca las horas y que sirve de símbolo de relevo a los hombres y mujeres que ayunan para enfrentarse desesperadamente al recrecimiento de Yesa a los grandes embalses, al trasvase.

Es como el suplicio de Tántalo que tenía el agua al lado y cuando necesitaba beber se le escapaba de los labios. La clepsidra y Tántalo forman parte de la mitología , una mitología puesta al día por los ayunantes que se pasan el testigo con unos cuantos kilos menos y unos gramos más de esperanza. Porque ¿para qué sirve esto de ayunar?, ¿verdad que se lo ha preguntado estos días?...es un gesto más, pero es como ese tirón en la conciencia que recuerda a las almas adormecidas que esto no se ha parado; que si la solución no ha llegado es que sigue habiendo un problema. Un problema que afecta a hombres y mujeres que no son capaces de imaginar su paisaje anegado y su maleta en la puerta.

Es por eso que ayunan. Es para recordarnos que el futuro no lo marcan grandes extensiones de agua, el futuro lo marca la conciencia del ahorro, de la mesura y del sentido común. Ayunar es un sacrificio de unos pocos para que, otros muchos, se paren un segundo en su rutina y se miren a los ojos y se pregunten pero ¿qué es esto de la nueva cultura del agua?. Y si se hacen la pregunta y buscan la respuesta, probablemente habrá valido la pena el esfuerzo de los ayunantes.

La clepsidra seguirá sobre nuestras conciencias, el reloj que nos roba el agua, marcando el tiempo. Casi da escalofríos pensarlo

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