Una semilla en el futuro

Cristina Pérez

Pascual anda estos días viviendo entre los tractores, mirando al cielo y con el motor en marcha esperando a que escampe, a que la tierra se seque y pueda entrar al campo. El último fin de semana que no llovió, aprovechó hasta que el sol apuró el último rayo de sol, para poner en la tierra un poquito de futuro, de ese futuro siempre incierto que siembran los hombres del campo.

Pascual lleva más de media vida mirando al cielo, mirando el viaje de las nubes, mirando el camino que le escribe el firmamento y que, él, traza en la tierra cuando labra el suelo. Mientras va dibujando las cunas en la tierra donde dormirán sus semillas, Pascual, se promete a si mismo que ,ésta, es la última. Que deberá pensar en vender tierras y coger las maletas porque la tierra le roba cada año, cada temporada, en cada siembra y en cada cosecha, la vida. Es el peor momento . Cuando tiene que vivir entre el cielo y el suelo , con un nudo en el estómago, pensando si llegará a tiempo, si la lluvia anegará el futuro o si la sequía resquebrajará las semillas.

Pero luego, luego, cuando el campo empieza a parir, cuando los colores van marcando un sendero, entonces Pascual piensa cómo iba a ser capaz de vivir sin todo esto. No sabría mirar a otro horizonte, no soportaría que le quemara la piel otro sol, no se acostumbraría a mirar al cielo sin encontrar respuesta. Ahora el cielo le habla a Pascual, en otro lugar , seguramente, permanecería mudo.

Pascual anda estos días con el ritmo cardiaco acelerado, viviendo entre el cielo y la tierra a expensas de lo que decidan de su futuro los elementos de la naturaleza. Es la vida, la única que conoce. Y cuando le da el bajón, como hoy, piensa en el día en que la tierra empiece a parir futuro.

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