La ignorancia

Nuria Garcés

Sólo puede ser una cuestión de ignorancia, a la que los autores de tan lamentables hechos han llegado tras una cortedad mental de características preocupantes. Uno se pregunta qué sentido tiene romper a pedradas los cristales de la puerta y la ventana de la mezquita de Abubacar en Huesca, su letrero luminoso, pintar una cruz gamada (¡a estas alturas!) en la fachada.

¿En qué clase de intolerantes nos hemos convertido, que tenemos que ir a destrozar el templo de nuestros convecinos de religión musulmana, para demostrar no se sabe qué odio, o qué superioridad, o para atemorizar, o para qué?. Y más aún, celebrando como lo están haciendo el Ramadán, el momento más importante del año para un musulmán.

No es por dar ideas, pero esto es como si en plena época de Navidad o en Semana Santa, nos encontráramos la fachada de una iglesia llena de pintadas y pedradas. No es el mismo arte, en la mezquita hablamos de los bajos de un edificio, nada de gótico ni de barroco, pero el sentimiento es el mismo. Una serie de creyentes que tiene allí su lugar para orar, para conservar sus raíces, sus creencias, para perpetuar su fe, muy lejos de su tierra.

Nunca han causado ningún problema. Llegan, rezan y se van. Y aunque se quedaran de tertulia, ¿qué?. Que se sepa, no está prohibido en este país, y son múltiples los bajos o locales en los que hay asociaciones, grupos, colectivos..., que se reúnen y charlan, cenan, tomas copas o ven diapositivas, por poner sólo varios ejemplos.

Sólo la ignorancia, el temor absurdo a los que no son como nosotros, el aborregamiento, nos puede llevar a estas acciones indeseables que, ojalá, no se repitan. Sean sólo dos, diez o veinte los racistas que rozan la línea más baja de la inteligencia, sobran mil veces más que aquellos que llegaron aquí buscando futuro, pan y techo, y que nos guste o no, también rezan. Sólo que ellos lo hacen en una mezquita.

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