Pip

Cristina Pérez

Camila no entiende un pimiento de economía. Piensa que el PIB es el sonido onomatopéyico de los crios cuando juegan con naves espaciales. Camila solo sabe que, desde que aterrizó el euro, sus ahorros están congelados. Ella recibe cada fin de mes un ingreso en su cartilla y a partir de ahí comienza el descenso descontrolado. Los números haciendo slalom por la luz, el teléfono, la comunidad, la calefacción, el colegio, la compra, las extraescolares, la hipoteca, las tasas municipales...hasta que llega a fin de mes tocando meta agotada . Incluso ha habido ocasiones en las que ni siquiera la meta ha estado en el último día del mes. A veces antes de que finalice, ya tiene la cartilla huérfana de euros y la necesidad empieza a sacarle los colores rojos a los números.

Camila intenta ahorrar, lo jura, lo intenta, pero una extraña mano negra, se empeña en ponerle en su cartilla cifras y conceptos con el ?menos? delante. Y eso que antes de salir a la compra, analiza y estudia todos los folletos del buzón ; y eso que, la ropa de los niños, crece de un año para otro a base de bajar dobles y mucha plancha; y eso que ya ha empezado a hacer sitio en el congelador para las comidas navideñas....pero ahorrar es una misión en la que pone mucho empeño y de la que nunca sale bien parada.

Por ejemplo este mes que no tocaba luz y teléfono, llegan las tasas de lo del agua y cuando llegue la extra de navidad, coincidirá con el plazo del aparato de los dientes de la mayor.

En fin que Camila no sabe un pimiento de economía. Y no entiende cuando le dicen que, ella, también forma parte del motor económico. El suyo, su motor, debe de estar gripado.

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