¡¡Aquí estaba!!

Cristina Pérez

Esta ha sido la respuesta a la pregunta que me hacía el último domingo de marzo. Anda que no le dí vueltas ¿dónde estará la hora de menos, dónde duermen sesenta minutos de tiempo que un saetazo relegó a ese sueño de los invisibles?,¿ dónde estará la hora de menos que dormimos?. La respuesta está en el último domingo de octubre. Claro.

Aquí estaba. Asi que estaba agazapada entre -vaya a saber qué algodones- para despertar en estas madrugadas de cambio de hora, que para algunos mortales, siguen siendo tan desconcertantes.

Y fueron, casualmente, los señores del petróleo quienes hace casi tres décadas decidieron cambiar el rumbo de los tiempos y ajustar sus relojes para aprovechar más la luz del sol y, así, consumir menos electricidad en iluminación. Eso dijeron ellos pero hay montones de científicos que siguen sin compartir este cambio, cuando el metabolismo humano sigue, menos mal, formando parte de la naturaleza y sigue mirando al sol.

Y no lo entienden en la residencia de mayores que deberán ajustar la hora de las pastillas y las cenas, y menos lo entiende Nacho que recién llegado a este mundo se va a encontrar con que, mamá, no atiende cuando el la reclama porque el reloj dice que no toca. Y la siesta que llega cuando no tiene sueño y el sueño que le llega cuando mamá se empeña en mantenerlo despierto.

¡¡Ayy el ser humano! Con capacidad para manejar el tiempo. Quién le iba a decir a Lucho Gatica que si, que un día el hombre seria capaz de que el reloj no marcara las horas...en fin. Suerte. Que ya sabe a partir del lunes la hora de recogida del cole un poquito más de noche.

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