Cartas al director: ¡Enhorabuena P. Jesús Sanz!

Juan José Omella, Administrador apostólico de las diócesis de Huesca y Jaca

Cuenta ya el veterano obispo Don Victorio Oliver, nacido en tierras turolenses, que al final de una ceremonia de Confirmación, en un pueblo de Alicante, al sacerdote hizo entrega de una toalla blanca a cada joven que había recibido el sacramento de la Confirmación. La alusión era clara. Recordaba la preciosa escena de ?lavatorio de los pies?, narrada por el evangelista san Juan. El Señor Jesús el Hijo de Dios, en esa memorable noche del primer Jueves Santo de la historia, lavó los pies, uno por uno, a los Apóstoles. Y, desde aquel momento, Él puso en nuestras manos la palangana con agua y la toalla diciéndonos: ¿Haced vosotros lo mismo! Y, ¡cuánto se puede hacer con una tolla!

El santo Padre, Juan Pablo II, ha nombrado obispo de Huesca y de Jaca, siendo las dos diócesis jurídicamente independientes, con sus propios organismos bien diferenciados, al P. Jesús Sanz Montes, franciscano, natural de Madrid. Nos alegramos y nos feleicitamos por esta buena y deseada noticia. Ser obispo de una Iglesia es desempeñar el oficio, el precioso pero exigente oficio de servidor de la comunidad. Ser obispo es actuar in persona Christi Capitis (en nombre de Cristo Cabeza de la iglesia). Ser obispo es ser padre y madre, hermano y hermana; es ser servidor de todos, como lo fue Jesús, el Hijo de Dios; es ?en palabras de san Pablo- hacerse ?todo a todos con tal de ganar a algunos para Cristo?.

El obispo se sabe débil, pero empujado por la fuerza del Espíritu. Se sabe limitado, pero apoyado por la riqueza de los dones derramados por Dios en los miembros de la comunidad cristiana. El obispo se sabe servidor de la comunidad, unido a los sacerdotes, a los consagrados y a los laicos. Se sabe llamado a escuchar, consolar, animar y lanzar a la misión a todos los bautizados. En su corazón resuenan las palabras apremiantes de Jesús: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación. El obispo es un misionero ligero de equipaje, con un amor apasionado a Cristo y a los hombres y mujeres de este siglo que le ha tocado en suerte vivir.

Queridos cristianos de estas entrañables tierras del Alto Aragón, queridos cristianos de Huesca y Jaca, hombres y mujeres de buena voluntad, abrid las puertas de vuestras comunidades, de vuestros corazones, y acoged al nuevo obispo que viene a caminar con vosotros, a serviros, a anunciar con vosotros la única y gran verdad de nuestras vidas: que Dios vive y que nos ama personalmente. Acoged a quien viene en el nombre del Señor. Viene, como el Señor Jesús, con la toalla en la mano para lavar, consolar y servir a todos.

Bienvenido P. Jesús. Desde hoy rezamos y rezaremos por Ud. Que va a ser guía y pastor de estas comunidades.

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