La aventura

Nuria Garcés

Vaya por delante que soy madre, y que mis hijos se quedan a comer en el comedor de su colegio. Ellos están contentos, y yo también. Es un comedor limpio, relativamente nuevo y, sobre todo, digno. Algo que, según vemos en las imágenes estos días, no lo es en el Colegio El Parque. Y no porque sus responsables, profesores, cuidadores o cocineras no pongan todo su esmero, sino porque el lugar no es el más adecuado: un sótano que deja un poquito o mucho que desear, y más ahora que está inundado. Y no hablemos de los baños, las más de las veces malolientes, con unos váteres que más parecen de la época de la posguerra (vaya, de cuando el colegio funcionaba casi recién nuevo entonces).

La solución que se ha adoptado es que los niños, más de 200 cada día, sean trasladados hasta nuevo aviso, a comer al IES Pirámide. Bien es cierto que tienen que montarse en un autobús, para ir y volver, algo que puede preocupar a los padres. Pero estoy convencida de que para ellos es una auténtica aventura. Y encima van al instituto de los mayores...

Los padres, ya desde el principio, se quejaron de esta solución. Se reunieron y pedían que se estudiasen otras posibilidades, que se han descartado por inviables. A mí me llamó vivamente la atención, la de ubicar una carpa en el recreo, dentro de la que comerían los críos. Y no entiendo cómo se puede preferir eso, a que unas instalaciones en condiciones, como es el IES Pirámide, acogiesen a los chavales, con sitio, calefacción y todo lo necesario para ellos. También me agradó el pensar que rápidamente se encontró esta solución, y que Huesca cuenta con este espacio para una emergencia como la que nos ocupa. Mis hijos no van al colegio El Parque, es verdad, pero yo creo que si fuera el caso, preferiría esta solución a la situación tercermundista en la que podrían estar. No sé qué es más aventura.

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