¿Huesca activa?

Nuria Garcés

No voy a hablar de un evento minoritario, ni de un festival para cuatro (o diez) entendidos, ni de una obra de teatro experimental a la que no apetece acudir. Querría recordar una ciudad volcada con unos actos entrañables, divertidos, musicales. Querría recordar unos fines de semana del mes de marzo en los que, con los primeros calores de la primavera, todos los oscenses salían (salíamos) a la calle, y se encontraban por cualquier esquina a una cofradía de Semana Santa tocando tambores y bombos (los primeros años), o afinadas bandas de música llegadas desde cualquier lugar de la geografía española o incluso mundial (más avanzado el certamen).

Oscenses y visitantes abarrotaban las calles, disfrutaban de la música, tomaban vermouth el domingo por la mañana, tras haber asistido a la tamborrada, al tibio sol de marzo, en la plaza de Navarra, compraban pequeños tambores a los niños que, ensimismados aporreaban el juguete con sus pequeñas baquetas, acudían en masa al homenaje a la paz, o atestaban las aceras de los Cosos, el domingo por la tarde, para presenciar un desfile final que, recuerdo uno de esos años, fue magnífico, con bandas llegadas desde Alemania, Estados Unidos, la legión...

Pero algo no funcionaba. A pesar de la respuesta, innegable, el evento nunca contó con el beneplácito de las instituciones que, en más de una ocasión, se echaron las manos a la cabeza por los gastos (seguro que alguna vez excesivos), y en otras no cumplieron finalmente con sus promesas.

Era encomiable el trabajo que se hizo, a lo largo de toda una época desde la organización. No debía de ser fácil contactar con tantos grupos y bandas, ni organizar sus llegadas, sus estancias, sus comidas. Que en la ciudad todo esto importaba, se podía comprobar a ojos vista. Se les cedían instalaciones, educativas o militares para dormir, para comer, alumnas de la entonces Escuela de Turismo, con sus capas color burdeos, los guiaban por toda la ciudad, el comercio y los bares y restaurantes se veían beneficiados por toda la gente que llegaba hasta Huesca. Porque, además de los componentes de los grupos, muchos acompañantes también venían a la capital oscense.

No recuerdo otro momento, en los últimos años, exceptuando San Lorenzo, en que se haya visto tanta vida en esta ciudad. Tanto movimiento, tantas ganas de los oscenses de salir a la calle. Cuando Guillermo Vizán, ya cansado y puesta incluso en peligro su salud, decidió tirar la toalla, el certamen no quedó huérfano. Otros que llevaban muchos años trabajando a la sombra, dieron un paso adelante y, comandados por Luis Tabueña, decidieron seguir adelante. Pero la falta de ayuda institucional, que sí llega a otros eventos de más que dudoso interés, ha frenado en seco un certamen de bandas que se iba a celebrar este próximo fin de semana. Y luego se quejarán de que somos aburridos...

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