El hombre invisible

Cristina Pérez

Hoy Pascual no sabe que se está celebrando el Día Internacional de las Personas Mayores. No lo sabe porque, Pascual, no quiere ya saber nada del mundo. Hace tiempo que dejó encima de algún armario el carnet de jubilado y con el, sus aspiraciones a seguir viviendo como un ser humano igual que los demás pero con más grados, con más experiencia.

Y, a partir de ahí, la memoria se le quedó parada en algún lugar del subconsciente y lo que vive cada día ya no sabe si lo sueña o si es realidad. Sólo le saca de su propia ensoñación los avisos de los chavales de la Teleasistencia y alguna visita que le recuerda que sigue en este mundo.

Pascual no es tan mayor como el piensa, sólo que la soledad empieza a dibujar un círculo alrededor de la vida y llega un día en el que, uno, se da cuenta de que , el mundo, se ha olvidado de el.

Todo comienza cuando se empiezan a ir los amigos de siempre, cuando la familia se aleja, cuando las caras ya no son conocidas, cuando el universo personal se compone de un sillón y una maquinilla de afeitar que ya no corta.

Pascual ha quedado encerrado entre los muros de la más dura de las soledades: la que está llena de gente. Gentes que le adelantan en la calle, que no le miran a los ojos, que no entienden lo que Pascual les dice, porque Pascual habla despacio y nadie tiene tanto tiempo para escuchar a un viejo...Gente que, poco a poco, lo han convertido en un hombre invisible. Por eso cada vez cuida menos su aspecto y, por eso, ha acabado hablando casi con gestos. Si nadie se esfuerza en verlo, el no va a esforzarse en ser visto.

Hoy Pascual no sabe que se está celebrando el Día Internacional de las Personas Mayores.

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