Ella no lo va saber

Cristina Pérez

La falda del revés, las zapatillas de estar en casa, el camisón sobre la falda y, en una mano, la bolsa de la compra con el monedero dentro. No sabe en qué momento, entre el instante en el que se lavó los dientes y el portazo en el rellano, no sabe en qué momento dejó de existir.

Un día de estos se celebra el Día Mundial del Alzheimer y, ella por supuesto, no estará en ningún lugar especial para escuchar todo lo que se va a decir y a contar, de esta enfermedad que actúa como un borrador sobre la vida de las personas. Ella, en concreto, simplemente no estará. Porque su mente y su vida caminan por una nebulosa en la que no hay sitio para nada que no sea la nada.

Desde aquél día en que una vecina la recogió en medio de la plaza parada como una estatua y con el camisón sobre la falda, desde aquél día, ella no vive con su vida. Su familia sin embargo sí. Su familia la cuida, la mima, la limpia y le habla siempre con el pensamiento de que, en el fondo, se vaya quedando el poso del cariño que tanto se esfuerzan en dar. Pero no. El cofre de la memoria de la abuela ha perdido la llave y el camino de vuelta se ha borrado.

?La abuela está pero como si no estuviera? esa es la frase que los hijos repiten con dolor cada vez que llega la pregunta sobre su salud. Y, salud, salud tiene. Suficiente como para soportar a esa nada que inunda las venas y viaja por el interior hasta rozar la memoria, para hacerla desaparecer.

La esperanza tiene tan poco que ver con esta enfermedad que, la familia, se instala en una resignación dolorosa.

Un día de estos se celebra el Día Mundial del Alzheimer. Ella no lo va a saber. Su familia si.

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