El Homo Quejicus

Pablo Barrio Aller

Hace apenas unos días todos nos quejábamos del agobiante calor que hacía, de la ola de calor que asolaba la península... Hoy ya no nos podemos quejar de eso, así que nos quejamos de que haga tanto frío de repente y teniendo en el vivo recuerdo aún los últimos días de agosto. Esto conlleva ciertos problemas porque, a no ser que el tiempo vuelva a estabilizarse, este año ¡no nos podremos quejar de que el otoño llegue antes al corteinglés que al mundo terrenal! A dónde vamos a llegar? Lo siguiente, ¿que será? ¿los anuncios de champán y turrones el día de Reyes? ¿se adelantará la Navidad?

No se equivoquen conmigo. Hace unos días me quejaba de que no vivimos el momento que nos toca vivir por ley natural y ahora no me quejo de lo contrario, me quejo de que la gente nos quejemos por todo. Me quejo de quejarme porque el vecino tenga la música demasiado alta y me quejo de que el vecino se queje de que yo sea un cascarrabias y me queje por el volumen de su música. Me quejo de que los perros caguen por todos lados y sus dueños no lo recojan? ¿acaso si yo me cagase en la puerta de su casa no se quejarían ellos también? Me quejo de que tengo que ir a trabajar a las nueve de la mañana y los obreros se quejan de que yo entre a trabajar a las nueve y no a las siete como ellos. Etcétera, etcétera y todos los etcéteras que ustedes se quieran quejar.

Y es que no sé cuándo se llevó a cabo la evolución. Supongo que ya se quejarán dentro de mil años los historiadores cuando tengan que fijar la fecha en que murió el homo sapiens para que naciese el homo quejicus. Y es que, ¡vaya tiempo! Así no se puede vivir?

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