Y con él llegó el escándalo

Cristina Pérez

El uno de septiembre. Ya está aquí. Y llega como si nada, después del treinta y uno y antes del dos. Es decir. En su sitio. Solo le han hecho el hueco de cada año y el lo aprovecha. En principio no tiene más misterio. Pero ¡ay! si lo tiene. Ya lo creo. Ese hueco del que hablaba, para algunos, es toda una travesía que deben superar con paciencia, con tila, con valeriana y con un sorbito de valentía.

Porque con el uno de septiembre, llega el escándalo. Llega la Liga, llega el cole, llegan los exámenes, llega la moda otoño-invierno, llega la revisión de la caldera, llega la puesta a punto de los armarios, llegan las suscripciones, llegan las liendres , llega el nuevo curso político , llegan las dudas existenciales....llega el escándalo.

El uno de septiembre te envuelve en colores cálidos y te pone las pilas otoñales, aunque el termómetro ande por los treinta. Es cuestión de menos luz y de estar convencido de que, la vida, la dirige el calendario. Ahora bien, si usted es un rebelde y escapa de las normas, está claro que le va a dar lo mismo. Pero sepa que le será muy difícil escapar al influjo del uno de septiembre.

Esto pasa, como todo. Piense hoy que, mañana, añorará este primer día de septiembre. Así que disfrútelo hombre. Piense en el fútbol, si le gusta, piense en todos los libros que va a leer a golpe de domingos futboleros; piense en los escaparates que se actualizan, piense en que septiembre renueva el espíritu. Es tiempo de uvas, las primeras que saben a azúcar y que, luego, llenarán nuestras copas y nos servirán para dar la bienvenida al nuevo año.

Piense lo que quiera. Pero estará conmigo que el uno de septiembre tiene un no sé qué, que no sé. Esto es como un volver a empezar. Estrénese con el pie derecho

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