Después de la tempestad llega la calma

Dicen que después de la tempestad llega la calma y, como no podía ser de otra manera, así sucede en Huesca en estos primeros días de resaca laurentina. El día 9 comenzaba a las ocho de la mañana, muchos se tomaron en serio eso de que a quien madruga Dios le ayuda, y hasta la madrugada del día 16 estuvieron danzando, aunque para danzantes ya tenemos los nuestros, esos que la mañana del 10 frente a la Iglesia de San Lorenzo volvieron a deleitar a los oscenses allí congregados y es que, a estos, más que a nadie, les viene de casta, como al galgo el ser rabilargo, lo de ser danzante.

En cuanto al tiempo: en abril aguas mil y en agosto... mucho calor y ni una gota de agua. Quizás haya sido uno de los más calurosos de los últimos años pero no por ello ha dejado de ser uno de los mejores. La gente ha participado en todos los actos, y es que el ayuntamiento lleva muchos años intentando que así sea; será que es verdad que quien la sigue la consigue. Aunque los que no creo que quisieran conseguir lo que consiguieron son los cogidos por la vaquilla en las matinales becerradas en la Plaza de Toros de Huesca, pero ya se sabe, de la mar el mero y de la tierra el cordero... y las vaquillas.

En los toros, como cada año, al pan, pan y al vino, vino... es decir, buena merienda en la plaza y, quien más quien menos, pudo disfrutar también de una buena faena de los toreros. Y también quien canta sus males espanta, sino díganselo a los oscenses que pudieron disfrutar de los diferentes conciertos: M-Clan, La cabra mecánica, Amaral... y David Civera, que con su poca seriedad en vez de espantar los males casi consigue espantar a los presentes.

En definitiva, un año más, nos hemos arrimado a buen árbol y, por lo tanto, nos ha cobijado buena sombra y, además, como dicen que hombre previsor vale por dos y que más vale prevenir que curar, hoy voy a empezar ya el prelaurentis, que 350 días no son nada porque, aunque el tiempo sea oro, se pasa volando.

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