Cheb Kader y Cheikka Rimitti se acercan al escenario natural de Lanuza

La música africana vuelve a Pirineos Sur para intentar completar todos los fines de semana de actuaciones con lleno. En este caso los encargados de poner el ambiente serán Cheb Kader y Cheikka Rimitti; dos de los grandes exponentes del espíritu de las musicas del mundo que quiere exportar el festival.

Cheb Kader, nacido en Boutlelis (a pocos kilómetros de Orán), es de origen marroquí. A los nueve años, se reúne con su padre, un entendido melómano, en Mulhouse. De su infancia guardó el recuerdo del raï-trab (raï de la tierra), el ancestro musical que se tocaba a la manera tradicional, con flauta gasba (de caña) y percusión guellal (tambor metálico), y después se impregnó de los primeros gritos del raï modernizado por los cheb (jóvenes). De Marco retuvo los canturreos obsesivos del Chaâbi (popular), el trance gnawa revivido por el grupo de culto Nass El Ghiwanwe y el estruendo de las guitarras que tocaban los defensores del "bidhaoui" (música eléctrica de Casablanca). En Francia se familiariza con el R&B, se entusiasma con la nouvelle chanson francesa, baila con el funk y se aficiona al reggae. No es de extrañar que pusiera el título de Reggae-Raï a su primera cinta, grabada con muy pocos medios en el gueto. En ese momento, Kader, que todavía estaba verde, interpreta composiciones que tienen a la vez el encanto y la ingenuidad de los principiantes.

La noche continúa con Cheikka Rimitti; esta legendaria artista argelina, tiene 76 años en la actualidad y lleva cantando desde que tenía 16. En los años treinta la ciudad de Orán, en Argelia, era un mosaico de razas y religiones a orillas del Mediterráneo. En aquella ciudad vivían franceses, judíos, árabes, turcos, beréberes y españoles. La música tradicional solo se oía entonces en bodas y otros banquetes pero también en cantinas o burdeles.

Frente a los cantos moralistas y llenos de metáforas sobre el amor existían otros cantos que hablaban de la emigración, de la violencia, de sexo, de los placeres de la vida y también de las desgracias. Rimitti cantaba de taberna en taberna para poder pagarse la comida y ya entonces criticaba en sus canciones los matrimonios "arreglados" por las familias.

Con la llegada de la revolución, los cantantes críticos como ella celebraron con el resto del pueblo argelino la independencia. Su situación mejoró considerablemente. Con el tiempo Rimitti fue haciéndose un nombre que le permitió vivir sin agobios y hacerse un hueco entre los cantantes mayoritariamente masculinos. Con la explosión del raï entre los jóvenes argelinos se convirtió en una figura emblemática y cuando este éxito llegó a occidente a principios de los ochenta emigró a París.

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