Telegrama de verano jueves 10 de julio

SAN CRISTOBAL

Cristina Pérez

San Cristóbal te mira desde la parte de atrás del automóvil que estás a punto de adelantar. Como llega la raya continúa te quedas pegado al coche y el santo con el niño en brazos, te pone carita de pena. La corona que le rodea se mueve de lado a lado y el santo se balancea por la luna de atrás como bendiciendo a los que habitan ese vehículo y a los que le van a la zaga.

Así que tú vas poco a poco sufriendo ese efecto hipnotizante que provoca un movimiento continúo y decides, por algún motivo, no adelantar: total, para la prisa que tienes. La decisión ha sido la correcta porque dos motos se saltan las leyes de la gravedad y aparecen de pronto casi sobre los dos coches. El susto paraliza al santo que, con el frenazo de su conductor, se ha despegado de la luna. Total, que para no ser creyente, el impacto ha sido como para regresar a casa y ponerle en la primera iglesia que se encuentre, una vela a San Cristóbal.

Quienes viven con las manos agarradas a un volante, saben de los cientos de pequeños milagros que surgen cada día en la ruta. Milagros que la pericia, la intuición y un buen vehículo, logran provocar. Ellos tienen una vida en marcha y cuando paran, notan en sus piernas, durante unos minutos, el temblor de la velocidad.

Muchos de ellos por iniciativa propia o por la de su madre o su suegra, llevan en la cabina del camión o en el coche la figura del santo. Forma parte del paisaje del parque móvil. El caso es que, hoy, seguro que hay una paradita especial para recordar que la carretera es el cáncer más cruel de nuestros días. Y que no está mal celebrar que, hoy, también estamos vivos.

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