Diversiones pasajeras, daños eternos

Rebeca García Cortés

Imagínense la siguiente situación: un joven, llamémosle Javier, que apenas está en casa, más que un hogar parece su hotel. Se levanta tarde, se marcha a la calle, vuelve a comer y al minuto vuelve a salir a la calle; si hay hambre la merienda es sagrada, pero no durará más de 10 minutos, una ducha, la ya tradicional solicitud de dinero y el consiguiente enfado y enfrentamiento familiar con sus padres. Estos le ponen una hora razonable de vuelta pero nunca es la que a él le apetece, así que jamás cumple con el acuerdo.

Javier ha cambiado su grupo de amigos, pasa todo el día con ellos, gasta mucho dinero, cada vez se muestra más agresivo con su familia, por menos de nada salta sin ser dueño de sus actos... Su madre ya no podía más e insistiendo mucho logró que Javi le confesase que de vez en cuando consume algún porro, pero según él, puede dejarlo en cualquier momento.

Con motivo de la celebración del Día Mundial contra la Droga se han dado a conocer datos más que preocupantes. Hoy en día, entre los chicos en edad adolescente es común y corriente el consumo de alcohol, tabaco, porros..., muchas veces por ser iguales al resto de sus colegas, otras por encontrar una diversión sin límites, por problemas personales... situaciones todas ellas que abocan a una profunda crisis de la sociedad, de la familia y en definitiva, de sus vidas.

Detengámonos un momento. La droga se encuentra en cualquier parte, es muy fácil acceder a ella, faltan alternativas de tiempo libre, cada día aumenta la inestabilidad laboral en la juventud, las depresiones están a la orden del día y la comunicación en la familia no siempre es fluida. El mundo de las drogas es una guerra que no entiende de fronteras, pero es nuestra guerra, la de todos, así que no debemos desanimarnos en la lucha emprendida porque la derrota no existe si no nos rendimos. Asumamos cada uno nuestra responsabilidad, el problema de las drogas es compartido y tenemos que hacer algo ¡ya!

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