Cartas al director: Niños, pueblos y ciudades

Francisco González-Bueno, presidente del UNICEF Comité Español

Hemos vivido muy recientemente unas elecciones municipales donde el interés general se ha centrado más en el resultado electoral de los Partidos Políticos que en los programas y propuestas de quienes han de gobernar nuestros Ayuntamientos.

El municipio es el ámbito social y geográfico donde se ejercita una gran parte de los derechos de los ciudadanos, también de los niños, y por ello es esencial su adecuada gobernación en el viejo sentido aristotélico de ?lo que es bueno para el hombre?.

Los niños, menores de dieciocho años según la Convención de los Derechos del Niño, que por cierto es el Tratado internacional más ratificado de la Historia, no votan, pero son ciudadanos de pleno derecho y, en cualquier cuestión que les afecte, debe prevalecer ?su interés superior?.

En España, la población de menores de edad representa un porcentaje aproximado del 20% y, frente a esos ciudadanos que no votan, parece evidente que tenemos la responsabilidad de facilitar los cauces para que las niñas y los niños españoles puedan ejercer su derecho a ser escuchados y a conocer su opinión sobre los temas que les conciernen, y estamos convencidos de que el gobierno de sus municipios es uno de ellos. Como sujetos de derecho, los niños deben ser escuchados y poder participar, junto a los adultos, en todo lo que afecta al modelo de ciudad o de pueblo que desean para vivir. La participación infantil es, sin duda, un derecho con futuro.

Algunas experiencias en el ámbito europeo confirman la necesidad de tomar en consideración esta idea sobre la participación de la infancia. En Italia, concretamente en la ciudad de Fano, hace años que se está llevando a cabo una experiencia de gran interés: la ?Ciudad de los Niños?, un proyecto en el cual son los propios niños los que co-diseñan, junto con el equipo de arquitectos, profesionales, técnicos y políticos, el modelo urbanístico de su ciudad. Este proyecto está siendo dirigido y coordinado por el conocido pedagogo italiano Francesco Tonucci. Su planteamiento es muy sencillo, a la vez que completamente acorde con los postulados de la Convención: una ciudad a medida de los niños es una ciudad a medida de todos. No excluye a nadie.

Los resultados son sorprendentes. Cuando se permite a los niños y niñas expresar sus opiniones, es frecuente encontrarse con el asombro de los adultos que acompañan estos procesos participativos en el sentido de la madurez con la que éstos plantean las respuestas a los problemas creados, generalmente, por los propios adultos. Por ejemplo, ante la sobrecarga de tráfico que sufren nuestras ciudades, los niños proponen un diseño urbanístico en el que los niños tengan a su disposición el mismo espacio para jugar que los adultos para aparcar sus coches, o que las aceras de las calles tengan la anchura suficiente para permitir que pueda pasear una familia.

Estos son ejemplos, cercanos al mundo del urbanismo, que pueden hacerse extensibles a cualquier tema relacionado con la vida del ciudadano: urbanismo, salud, educación, servicios públicos, hacienda, impuestos, tráfico, ecología, cooperación, economía, nutrición ? Los niños tienen opinión sobre dónde y cómo quieren vivir. En España cada vez hay más ejemplos de municipios que están dando voz a las opiniones de los niños a la hora de establecer sus políticas municipales. Sin ánimo de ser excluyentes, entre otras muestras de aplicación de la participación infantil en las políticas municipales, son realmente ilusionantes los procesos que se llevan a cabo desde hace años en los municipios del Prat de Llobregat en Barcelona, de Galapagar y Coslada en Madrid, y un largo etcétera de municipios en toda España. En un estudio encargado por el Instituto Madrileño del Menor y la Familia en dos municipios de la Comunidad de Madrid (Galapagar y Móstoles) y un distrito de Madrid (Arganzuela), los niños coinciden en sus propuestas de cambio: la limpieza, el mantenimiento urbano, la seguridad ciudadana, echan de menos espacios de encuentro, espacios para jugar, para relacionarse con otros niños, con otros adultos y hacen especial hincapié en la cantidad de coches ? Estamos convencidos de que, si realizáramos consultas acerca de asuntos distintos a los anteriormente relacionados, también tendríamos propuestas positivas y extraordinariamente creativas.

Con el deseo de apoyar y favorecer que las políticas municipales tomen en cuenta la voz de los niños y se respeten y promuevan los Derechos de la Infancia, UNICEF-Comité Español, hace ya dos años, puso en marcha el Programa Internacional de ?Ciudades Amigas de la Infancia?, que cuenta con el importante apoyo del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, la Federación Española de Municipios y Provincias, y la Red Local a favor de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia.

Sin duda, se deben respetar los derechos de la infancia pero eso incluye conceder un papel primordial a los propios niños y niñas en la defensa y promoción de sus propios derechos. La infancia tiene condición de ciudadanía y por ello debe tener voz y voto en las decisiones que le conciernen y el municipio, como contexto más cercano al ciudadano, es el ámbito en el cual los niños y las niñas pueden trabajar eficazmente por el respeto y la mejora de la aplicación de sus derechos. Creemos que esto no se consigue enteramente si no es a través de un diseño de la política municipal de manera integrada, contando con los niños y asignando presupuestos concretos dirigidos a la infancia en todas y cada una de las concejalías de las que consta un Ayuntamiento. Si conseguimos que la Administración local haga cumplir estos compromisos y dotamos a los municipios de órganos de representación infantil estables, seremos capaces de cubrir el hueco que supone la incapacidad para votar de los menores de 18 años.

En nuestra época de adelantos científicos y técnicos, que suponen una estimulante perspectiva de futuro, pero en los que un restrictivo concepto de mercado parece imponerse como el único criterio adecuado de gestión de los común, las ciudades han perdido ese sabor de un espacio en el que, y a través del cual, establecer relaciones humanas de calidad, menos instrumentales, más creativas. Los espacios comunes, las plazas, los parques, las calles, son percibidos crecientemente como lugares peligrosos en los que la amenaza del delito es el argumento para parapetarnos en nuestros hogares. Esta situación nos acerca, a nuestro entender, a una necesidad mayor de actuar, defender y promover los derechos de los niños y las niñas, en un deseo prioritario de recuperar los espacios públicos de la ciudad, del pueblo: de manera que, siendo de los niños, lo sean finalmente de todos.

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