Las nuevas tecnologías pueden con todo

En la vida hay ocasiones en las que nos guste más o menos tenemos que rendirnos ante las evidencias; y la evidencia de estos momentos es que nada se resiste a Internet. La red se ha convertido en un gran almacén en el cual podemos encontrar prácticamente de todo.

Música, juegos, películas.....son copiados y pirateados hasta la saciedad. Junto a todos estos productos de consumo masivo hoy también se encuentran, aunque más silenciosos, los libros.

Los libros, sí, ese conjunto de páginas, unas veces con encuadernaciones de lujo y otras con un formato más sencillo, que en ocasiones adornan las estanterías y en otras sirven para planchar el folio que se nos acaba de arrugar, pero que siempre transmiten conocimientos, vivencias e ideas, se encuentran ahora en la red con una nueva y, porqué no decirlo, inusitada popularidad.

Miles de lectores por diferentes motivos se dedican buscar e intercambiar libros en la red, con el fin de leerlos en sus computadores. En internet es posible encontrar una enorme cantidad de estos libros que pueden ser bajados legalmente. Maquiavelo, Max Weber o Marx, son tres de los cientos de libros que podemos ?pescar? navegando. Se trata de obras que debido a su antigüedad no cuentan con derechos de propiedad intelectual o títulos cedidos por sus propios autores para que sean difundidos por la red.

Muchos fueron los que ante el crecimiento de las nuevas tecnologías aventuraban el fin del libro, de las librerías, del quiosquero de la esquina de nuestra casa al que todos los días le compramos el periódico y de toda publicación impresa en soporte de papel. Sin embargo, la realidad nos ofrece una visión distinta, y sino, que se lo pregunten, por ejemplo, a las editoriales que nunca antes habían tenido unos beneficios similares a los actuales.

Resumiendo, todas las monedas tienen dos caras, y en este caso como en tanto otros, la clave está en escoger la cara buena, la sonriente. Las nuevas tecnologías de información, más allá de miedos y falsas promesas, vienen a ser un instrumento adicional a la promoción de la cultura.

¿Qué mejor escaparate para ofertar productos, libros en este caso, y que lleguen a todo el mundo de una manera sencilla, rápida y sobre todo económica? No se equivoquen, la red no es una trampa peligrosa en la que tarde o temprano todo cae, simplemente, hay que saber guiñarle un ojo, extraer sus virtudes y aprovechar las oportunidades que ofrece.

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