La Iglesia critica el consumismo de las Primeras Comuniones y permite comulgar sólo con vino a los celíacos

Los meses de mayo y junio son los que concitan el mayor número de comuniones de niños entre 8 y 9 años. La hoja parroquial de este fin de semana recoge la preocupación que han mostrado las diferentes diócesis de Aragón. Todos los sábados o domingos se pueden ver por las calles niños comulgantes con sus familias. Se supone, siempre se ha dicho, que es el día más feliz de su vida. Sin embargo, desde las delegaciones diocesanas de catequesis se asegura que ese día festivo reúne algunas sombras: una atmósfera consumista que rodea a lo que tendría que ser el sencillo y profundo gesto de recibir a Jesús. Consideran que los niños y niñas son, la mayor parte de las veces las víctimas de todo el montaje profano que se prepara en torno a la celebración de la primera comunión. Por ello, afirman, sería necesaria una dosis de modestia y de normalidad.

Por otro lado, en los últimos tiempos ha habido algunos problemas por la imposibilidad de que los niños celíacos, con intolerancia al gluten que contiene el pan, pudiesen comulgar, comiendo las formas sagradas. A este respecto, la Comisión Episcopal de Liturgia ha propiciado que se facilite el acceso a la Eucaristía a las personas que padecen esta enfermedad. Así pues, antes de la celebración, la propia persona que padece la enfermedad, los padres o familiares del niño que la tiene, deben informar de su deseo de comulgar. El sacerdote deberá acoger la petición con delicadeza y sin reclamar mayores explicaciones, facilitando al celíaco la Comunión bajo la sola especie del vino.

Cuando se trata de la Primera Comunión de los niños o en las Misas celebradas con éstos, se procurará que el niño o niña que padece la enfermedad se sienta respetado y apreciado por los demás niños, de manera que todos vean como algo natural y normal la solución que se adopte.

En muchos casos, los celíacos, por su gran sensibilidad al gluten, requieren que se ponga a su disposición un segundo Cáliz, en el que la única materia que haya sido consagrada sea el vino, y sobre el que no se haya llevado a cabo ni la partición ni la intinción del Pan eucarístico.

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