El futuro en tres días y unas líneas

Rebeca García Cortés

Nueve, ocho, siete, seis.... más de una semana tachando todos los días en el calendario, ahora lleno de cruces, hasta que la cuenta ha terminado y menos mal, porque de seguir más tiempo con tanto nervio y con el estómago cerrado no sé cómo habría terminado esta historia.

La selectividad es una realidad. Lengua castellana, historia y lengua extranjera son los exámenes en esta primera jornada. Hasta ahora no he tenido ningún tipo de problemas con estas asignaturas, es más, son las mías, las de letras, pero aún con todo mi cabeza no cesa de procesar; ¿Y si me bloqueo? ¿Podré recordar tantas fechas? ¿Entenderán mi letra? ¡Uf! es preferible no pensarlo.

Llevas toda una vida dedicado, entre otros menesteres, a los estudios. Cada uno de tus años escolares ha supuesto un esfuerzo, un trabajo que unas veces te ha dado buenos frutos y otras no tantos, pero lo más importante es que siempre han sido el resultado de una constante, de una evaluación continua.

Ahora, tres días y unas líneas pueden suponer que tu futuro se encamine en una dirección u otra. ¿La que tú querías? No siempre, por desgracia. Los exámenes de selectividad ponderan un 40% y el expediente académico del Bachillerato el 60% para elaborar la nota de acceso a la universidad.

Imagínenselo, toda la vida soñando con ser médico y por un resfriado que te da fiebre, por un mal día que lo tiene cualquiera o por un error tan tonto como equivocar tu nombre al rellenar los datos del examen (más de una vez ha sucedido) ese sueño se convierte en frustración, al menos por un año, porque la nota no te alcanza y sólo tienes dos opciones: cambiar la vocación de toda tu vida o retrasarla un año, repetir selectividad y esperar que nada de lo anterior te vuelva a suceder.

De todos modos no hay que ser pesimistas, el 90,19% de los estudiantes aprueban, así que muchísima suerte a todos y ojalá que vuestros sueños profesionales sean una realidad y no dependan de una nota.

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