El barco sobre la mar y el caballo en la montaña

Cristina Pérez

Junio llega rozando la piel y la nariz con los picores del polen, poniendo las gafas de sol a la conjuntivitis alérgica y llenando las petunias de hormiguitas laboriosas que suben y bajan, vuelven y se van dibujando en el suelo un hilo en movimiento que ya piensa en el invierno. A pesar del calor. Son situaciones cotidianas que nos obligan a pensar que , resulta, había otra vida además de los comicios. Y cuando estamos en ello, cuando los ayuntamientos andan con una suma de concejales imposible, (entre los que están, los que se van y los que llegarán); mientras los alcaldes van sacando del cajón la banda y del paragüero la vara; a la vez que se eligen compañeros para el camino, unos amigos y otros menos, mientras todo esto sucede poniéndo a la rutina en su sitio, mientras, otra vez una explosión.

Esta vez en Sangüesa. La muerte, el dolor, la incertidumbre y la pregunta de siempre. Y la sin respuesta de siempre. Y el mazazo a la vida . Y la cara de asco que se te queda.

La rutina, la normalidad, son conceptos que sirven para poner las cosas en su sitio, como decía Lorca ?el barco sobre la mar y el caballo en la montaña?. No pretendemos alcanzar la luna con las manos más allá de un recurso poético, ni tan siquiera dedicar un año en un viaje imposible al planeta rojo Marte. El ser humano normal, que respira y aspira a vivir con dignidad, sólo pretende trasladar su humanidad por este planeta, junto a otros, para no romper la cadena de vida, para poder pasar el testigo a otros que vendrán detrás. Pero si el testigo llega impregnado de sangre y de violencia y de dolor, los herederos de este pedazo de vida, pasarán la suya dedicada a limpiar el aire y a sufrir las consecuencias. Por ellos, por los que vendrán detrás, que la rutina no nos abandone, que la normalidad no nos eche por la ventanilla.

Hay que ganarse esta vida a pulso. También desde nuestros ayuntamientos, una apuesta por la paz.

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