DPO

Cristina Pérez

¿Sabe que usted es, con toda seguridad , un DPO?. Es algo hermoso, hermosísimo poder ser un DPO. Se da la vida cuando a uno se le ha escapado. Un DPO es un Donante Potencial de Òrganos. A no ser que exista un problema serio, todos lo somos . Permítame que le cuele mi filosofía muy personal de por qué merece la pena. Primero, si usted es creyente, piense que en el libro sagrado, la Biblia, se insta a los lectores a que ayudar al prójimo forma parte de la caridad cristiana y qué mejor forma que dándole la vida. No hay otra mejor. Si no es creyente, probablemente tendrá otra opción de vida en el más allá en la que, su lado fisico no contará para nada, así que véalo de esta forma, si usted fallece nunca acabará de irse. Si es donante su herencia de vida se prolongará.

Y si pasa de ambas cosas siempre le queda su faceta más solidaria. Esa que anida a la vuelta de una emoción: un niño al que se le va la vida o un hombre que no podrá ver más el cielo porque el corazón está a punto de declararse en huelga.

Ser donante es ser solidario, pero es más. Ser donante es olvidarse del egoismo. Pero es más. Ser donante es dedicar un minuto de un día- el que nos lleva firmar el compromiso- a pensar en los demás. Pero es más. Ser donante es ser capaz de comprender que la vida no es de uno ?personal e intransferible?. No. La vida es algo común que compartimos y ante el derecho y la obligación de no arrebatársela a nadie, tenemos que ser capaces de pensar que tenemos el derecho y la obligación de mejorarla y hasta de darla.

Al otro lado de la vida conviene ir ligero de equipaje. Lo mínimo. Una sensación de bienestar, de amor, de solidaridad, será suficiente para que , pase lo que pase en el más allá sea estupendo. Siempre que hayamos dejado este otro lado terrenal lleno de sonrisas y de vida.

En fin. Usted puede ser un DPO. Si le suena raro, búsquese otra palabra. Cuando oigo letanías que hablan de vida más allá de la vida, esto es lo que veo yo: un donante de órganos.

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