Diario de un candidato. Octavo día

Cristina Pérez

Octavo día y , me dicen, que este tramo final es fundamental. Pero no tanto, digo yo, como para que hayamos entrado en una guerra de carteleria . Porque no paran de movernos de los paneles. Ahora estoy yo sonriendo desde la foto. Por la tarde, estará el otro y, a la noche algún gracioso nos enterrará a todos con la penúltima fiesta de la cerveza. Entiendo que lo de respetar los espacios electorales publicitarios es muy tentador para los que llevan un artista dentro y no pueden sustraerse a la tentación. La tentación de poner pecas o quitar dientes o dibujar bigote a las señoras y cuernos a los señores. Vale. Hasta resultan divertidas las frases que ponen en nuestra boca, como si fuéramos protagonistas de cómics urbanos. Bueno, esta carga iba con el cargo y es mínima.

Pero a lo que ya no llego yo, es a ese afán de empapelar la ciudad con los candidatos, no lo entiendo, porque no sé hasta qué punto los estudios sociológicos dicen que a base de ver el careto de una persona acaba uno poniéndo su voto en la urna. Nunca me ha convencido eso de la insistencia en la imagen. Pero mi jefe de campaña ya me ha anunciado (casi amenazado) que tienen en la recámara cajones llenos de mi mejor sonrisa para atacar en la próxima semana. Me ha adelantado que los electores van a acabar soñando conmigo porque habían contratado con antelación espacios publicitarios urbanos. En fin. Solo espero que sean sueños y no pesadillas. Esto me pasa a mi, a mi, que siempre soy yo quien hago las fotos a la familia, para tener una excusa y no salir en ellas.

Octavo día de candidato. Espero que este fin de semana esté lleno de calma y de serenidad. Necesito menos ruido de fondo , menos focos, y más concentración. ¿este fin de semana?.¡¡pero si comulgamos a la niña!!.

Octavo día de candidato. Doce años de padre.

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