Diario de un candidato. Día doce.

Cristina Pérez

Doce días. Una docena de sensaciones metidas en esta cesta en la que se ha convertido mi cuerpo. Porque, hay días, en los que hago agua por todas partes. Otros sin embargo no.Otros, como hoy, la cesta viene forrada con terciopelo y aislada contra cualquier crítica ácida que quiera penetrar entre los mimbres.

Doce días de candidato oficial y en el trabajo, me aseguran, me echan en falta . Aunque cuando tienen morriña - dicen con la risa desbordándoles la boca - bajan al panel de la esquina y arrancan un cartel para colgarlo en el despacho. Imagino que más de uno, si pudiera , me utilizaria en la salita del café como diana. Porque no las tengo yo todas conmigo de que, mis colegas, vayan a votarme. Yo no pregunto, claro, pero voy haciendo mis tanteos y ya sé quien pondrá mi nombre en la urna y quien no. Es normal. Es esto de la democracia que no entiende de compañerismos ni de llevarse bien. La coherencia tiene que primar en el voto y aunque se empeñen en volver al tópico de que en los sitios pequeños se vota a la persona y en los grandes al partido, yo tengo claro que, en el fondo, todos llevamos un militante dormido. Yo mismo. Sin ir más lejos.Hace un año nadie me habria hecho creer que iba a convertirme en ?el candidato?. ?El candidato?, así es como me llaman mis hijos cuando entro en casa . Y, en el fondo, y como hoy me siento filósofo, es mi sino: optar a algo toda mi vida. De eso va esto de vivir ¿no?. De establecer pequeñas metas, optar a ellas con mesura, sin prisa y logrando que el fin no justifique los medios. Si los medios no son dignos.

Este candidato tiene hoy el día tranquilo. Tengo el día como para adentro y no para afuera. Tendré que hacer un esfuerzo sobrehumano para sacar algo afuera, porque dudo yo que el electorado esté, a estas alturas de la pelicula, para muchas filosofías.

Doce días de candidato. Una docena de inquietudes.

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